marzo 30, 2011

El Sueño del Esquimal #316, jueves 31 de marzo.


Cuerpos celestes alineándose, las canciones que acarician y un millar de estrellas observándonos, intensa llama perturbadora regresas una vez más con tu fulgor.










Antes se llamaban Pearl Harbor, pero las hermanitas Kaplan por alguna razón misteriosa el 2010 pasaron a titular su banda como Puro Instinct, desde Los Angeles, California, llegan con un pop acaramelado y suspendido entre nubes con la joven Piper Kaplan (23) en voces y su hermana Skylar (16) mimando las guitarras.
Luego del brillante single "Stilyagi", nos enseñan su Lp debut "Headbangers In Ecstasy", amigas de Ariel Pink se fueron de gira el año pasado con los Haunted Graffiti, ahora este mismo colabora con voces y arreglos para algunas de las canciones del disco, 10 temas + 5 puentes u oberturas ("KDOD") unos segundos de maraña paranormal perdidos en el ambiente retro y new wave de "Headbangers...", despiertan en el paisaje con "Everybody's Sick" junto a los pajarillos, luego aparecen las guitarras con delay y la voz frágil de Piper, unión luminosa y melodía refrescante, para el final quedan los ruidillos análogos de un teclado mutante, "Lost At Sea" es como entrar en un terrotorio onírico, una atmósfera sedante que envuelve con calidez, esplendorosas guitarras de cristal, teclados flotantes y cánticos celestiales, muy bello realmente. "Silky Eyes" es otra canción que se revuelve entre lo electrónico y lo volátil, siempre adelante con una melodía pegadiza y burbujeante que invita a danzar suavemente junto a los susurros de estas dos muchachas rubias. La hábil base rítmica del disco está a cargo de Cody Porter en el bajo y Mike Baum en los tambores, dos socios más de la cofradía Puro Instinct.
Eso hasta llegar a "Stilyagi", single de adelanto que debe ser una de las canciones del año sin duda, un llamativo cruce entre The Go-Go's y Lush, delicadeza y elevación, una vuelta hacia el sonido 80s' más floral y adictivo, entre los destellos aparece la voz cargada de Ariel Pink, perfección y pureza que viene unida con "Escape Forever" y ese saxo turbador de Richard Ross que se somete a la belleza en una canción sinceramente liberadora.

Puro Instinct extraen desde el cofre-tesoro, un disco de esos que se quedan enganchados entre los días y las acciones, abriendo la ventana hacia un campo fresco... y puro.


Raúl Cabrera Hidalgo.












KREIDLER
Tank

bureau b, 2011

Regresando de nuevo a la fuente, el crujido sensitivo del rock y la electrónica alemana fusionándose bajo un aspecto sigiloso, pero terriblemente expresivo a fin de cuentas, las sonoridades de Kreidler se vienen otra vez sobre nosotros como una fuerza desconocida, el movimiento, la destreza y la lucidez de una música hipnótica que nunca terminamos de descifrar, un ejercicio tecnológico con detalles explorativos e inquietantes envuelto en la siempre inmutable coraza germánica.
Kreidler es una agrupación formada en 1994, sus componentes son Andreas Reihse, Detlef Weinrich, Thomas Klein y Alex Paulick (también en los comienzos estuvo Stefan Schneider de To Rococo Rot), editaron discos memorables como "Weekend" (Kiff SM, 1996), "Appearance At The Park" (Kiff SM, 1998) y "Kreidler" (wonder, 2000), convertidos en un peldaño importante de la empinada (de)construcción sonora alemana, transitando siempre entre Hamburgo, Dusseldorf y Berlín.
"Tank" es su octavo disco de estudio, un trabajo generoso y emocionante por momentos, partiendo con la IDM oscura de "New Earth", la maquinaría es intervenida por el pulso metronómico de una batería real, un circuito vital junto a los sintetizadores y laptops, el resultado es contundente, introduciéndose directo hasta el subconsciente del auditor, entre el latido y el movimiento sanguíneo. Se abren paso aún más con la ácida "Evil Love", pulso constante ahora adornado por zumbidos espaciales y extraños, conjugan de manera perfecta Krautrock, Downtempo, Techno Pop y algo de Post Rock.
Con "Jaguar" entran de lleno en las honduras cósmicas, los sintetizadores se desplazan con sutileza, un bajo hiperactivo nos aturde, parecen llegar a una plataforma interplanetaria descrita por Asimov, son de verdad como unos Kraftwerk actuales, toman mucho de su legado, lo cual nunca será un pecado, siguiendo la línea de la escuela alemana del sonido, Neu!, Can, Faust, Einstürzende Neubauten.
También exhiben atmósferas tribales en "Saal", una gruta de ruidos nubosos y desconcertantes con percusiones salvajes y teclados disonantes, quiebres experimentales que se alejan de cualquier estructura.

Kreidler nos propone el desafio, un viaje hacia nuevas tierras, un cambio de parecer.


Raúl Cabrera Hidalgo.












Una de las luces distintivas que nos llegan desde el sello capitalino Michita Rex, Fakuta y la publicación de su single "Armar y Desarmar", una emotiva canción desplegada en la suavidad del sonido synth-pop, pensamientos cotidianos cruzándose con una musicalidad vitalista, la voz de Fakuta se acerca con frescura junto a los coros de The Laura Palmers, la vida simplemente con sus destellos y quiebres, ¿Acaso cuando armamos algo no estamos también desarmando algún otro?. Producido por Pablo Muñoz y Milton Mahan (De Janeiros).
La edición cuenta además con remezclas destacadas a cargo de Augias Amena, Les Chicci, Vaskular y Ulises Hadjis, más una esquina de ruido estático grabada por Gerardo Figueroa.

Puedes descargarlo desde Michita Rex y ver su video más abajo.


La Gente Esquimal.












PEAKING LIGHTS
936

not not fun, 2011

El dúo conformado Indra Dunis y Aaron Coyes "Peaking Lights" son conocidos en la blogósfera por ofrecer material de corte experimental y son bien apreciados en el balance final de la crítica al respecto de su primer material "Imaginary Falcons" del 2009 o su reciente EP/Cassette "Space Primitive" sold out en Fuck it Tapes del 2010. Sin embargo, este año este par de músicos han sorprendido de nueva cuenta con el "936" 2011 un larga duración bajo el sello Not Not Fun que los anuncia como un "Groove Wave Classic".

Su sonido es brumoso, melancólico e hipnótico, se conduce por el synth, el dub y el lo-fi, es fácil que al escucharlos puedas transportarte a un ecosistema mental al que quizás en ningún otro momento sería posible tener acceso. En dado caso este ensueño nos recuerda el espíritu rebelde de una juventud inquieta y libre, de viajes impredecibles en una moderna psicodelia.

Estamos entonces ante una de las piezas fundamentales, sino es que la mejor en lo que va del año hablando en música independiente con este sonido que es amable, hazy & sexy en ocasiones upbeat y metamórfico de post reggae.

Peaking Lights '936' LP 12" esta disponible en una edición de 600 copias en Not Not Fun Records.


desde
felinno.blogspot.com













Han pasado solo dos años desde “An Imaginary Country” (Kranky, 2009), pero viendo en el terreno en que este músico se mueve, y viendo a algunos de sus compañeros de generación, ese tiempo parece una eternidad. Sin embargo, esa corta distancia es necesaria para poder apreciar y valorar mejor una obra, pues la mayoría de las veces un disco termina perdido y olvidado entre el exceso de material que cada semana inunda las tiendas. Pero Hecker ha tenido la suerte de tener una cobertura más o menos importante, cobertura por cierto que merecida, y eso se debe en gran parte a que cuenta con el respaldo de una gran marca tras él, y con ello me refiero a Kranky.

Continuando la travesía iniciada con “Harmony In Ultraviolet” (Kranky, 2006), este disco, el tercero para el sello de la Windy City, ahonda en la búsqueda de as profundidades del sonido molesto, que al mismo tiempo también se puede disfrutar sin dañar demasiado los oídos. El 1972 del titulo hace referencia a una fotografía, la de la portada, que a su vez da muestra de una tradición estudiantil nacida ese año, ‘La gota de piano’, o sea, lanzar un piano desde la parte más alta del edificio hasta el suelo, con su consiguiente destrucción. “Ravedeath, 1972” no nace de destrozar nada, sino que de construir piezas que evocan eso sí la degradación de algo, un algo que tal vez sea la música, pero que paradójicamente se refleja en ese mismo objeto maltrecho. Originalmente compuesto en el invierno del 2010, fue grabado en julio de ese mismo año, concretamente el miércoles 21, y en lugar muy especial, en la iglesia Fríkirkjan, en Reykiavik, la capital islandesa, con la ayuda del también músico Ben Frost. Si bien hay guitarras y sintetizadores, lo que más destaca, la materia principal proviene de un órgano a tubos. Luego de pasar ese día grabando, volvió a su estudio a mezclar las cintas, dando origen a una combinación entre un disco en estudio y otro en vivo, entre un disco de electrónica y otro de música religiosa. Quizás sea esto último lo que mejor refleje el sonido, pues lo religioso esta unido a algo que describe muy bien al álbum, cual es la solemnidad. Ese tono sobrio, profundo del disco, que invita a que el silencio sea su mejor compañero hace parecer esto una ceremonia, una en la que los asistentes sean esos rostros sin nombre que poblaban la portada de “Harmony In Ultraviolet”. La distorsión de las guitarras, el feedback sin retorno de “Hatred Of Music I” se funde con los pianos tétricos de “No Drums”, los órganos litúrgicos de “In The Fog II” con el silicio roto en la misma pieza. A veces es ruido más blanco que la nieve polar, a veces es ambient más denso que el petróleo de Irak.

Hablando sobre la otra parte del título. “Me acuerdo de ver sangre en la cara de alguien en alguna rave sobre el apocalipsis que se informó el año pasado”. Para cuando ese fin llegue, sea el año que viene, o más adelante, o incluso mañana, al menos ya tenemos la música que sonará de fondo en el ritual de la despedida final. “Ravedeath, 1972”. La fiesta de la muerte, 2011.













Llegué a este disco, como suele suceder con varios discos que uno escucha, por una recomendación –siempre es bueno confiar en los conocimientos de otros, sean amigos o algún sitio–. Y de este músico en particular no tenía mayor información. Leyendo supe que en los noventa las hizo de DJ y que el 2006 comenzó a producir sus propios temas, con influencias del techno y del house, pero siempre precedido de la palabra deep. Y obviamente también se encuentra con el dub, y ahí nos topamos con Basic Channel, y todos los alumnos que salieron de esa escuela. Del 2006 hasta ahora ha publicado varios trabajos, LP’s y muchos 12”, en sellos como Styrax y Echospace, sellos en los que, otra vez, se puede y debe confiar.

“Un par de años atrás, un amigo mutuo nos puso en contacto a Broca y a mí, pensando en nosotros como dos almas musicales similares… Su trabajo es como si él tuviera un contacto abierto con su alma y el corazón dentro, y de esta manera es capaz de comunicar una voz tan pura como nadie lo ha hecho jamás”. Quien habla es Ian Hawgood, el jefe de Home Normal, otra persona que da la seguridad suficiente para poner atención a gran parte de lo que publica. Lo último de Brock Van Wey, que así se llama en realidad este músico, es este “Tribes At The Temple Of Silence”. En siete extensos tracks, y en casi 80 minutos de música, llegando al límite de la capacidad del CD, explora las posibilidades del techno, el ambient y el dub, pero dejando de lado (casi) cualquier atisbo de ritmo, de algún beat. Todo acá es calma sobre calma, blanco sobre blanco. La excepción está al comienzo del disco, “A Quiet Doorway Opens”. Escondida entre remansos, ritmos quebrados aparecen y se mantienen durante gran parte del minutaje. Algo similar, aunque de un modo más suave, ocurre con “The Past Disappears”, el track que sigue. Pero de ahí en adelante todo es un inhalar y exhalar nubes de ambient condensado. De lo extático a lo estático. Voces espectrales que chocan entre sí, una suma de sonidos intrincados en una superficie densa pero nunca cerrada. Por instantes, como en “Sanctuary”, parece como si Wofgang Voigt se aliara con Colm O’Ciosoig y manipularan las cintas del “Loveless” (Creation, 1991). “These Walls Will Always Remember (For Dani)” recoge el ambient donde tal vez lo dejaron Slowdive. Un loop eterno de voces acuáticas en una especien de canto del mar profundo. La palabra acuático es algo que recurrentemente me viene a la cabeza al oír este disco. Tanto “We Move As One” como el track final son otra muestra de eso. El primero, rodeado de burbujas de techno frágil, algo así como pop ambient (dub). El último, “Towers Rise To The Sky”, algo más espeso: nada de ritmo, cero movimientos bruscos, solo melodías dilatadas en el espacio, solo movimientos ondulares. Por sonido, y hasta por el título, me hace recordar a “Ocean Sky Remains” y, en general, a “Ocean Fire” (12k, 2008) [023], la gran obra de Christopher Willits junto a Ryuichi Sakamoto.

No conociendo nada de Brock Van Wey, gracias a una sugerencia me he encontrado con un disco, y por tanto con un músico, que mezcla de manera muy fina la electrónica melódica con las texturas ambientales, siempre inclinando la balanza más hacia lo segundo. “Tribes At The Temple Of Silence”, o el sonido de una gran ola recostada en la arena.


Hawái.









Recuerda sintonizar El Sueño del Esquimal, hoy jueves desde las 21 hrs por Radio Placeres 87.7 fm y online además.












1 comentario:

GD dijo...

Cuando descubrí a la discográfica Mexican Summer compre el EP de Pearl Harbor sin conocerlas y me gusto mucho, luego sacaron otro no tan bueno. Es una sorpresa que hayan cambiado de nombre.

Estoy escuchándolos en vivo