mayo 29, 2011

El Sueño del Esquimal #322, jueves 2 de junio.



Más allá de las colinas está creciendo un rumor, más allá de los pastizales y el humo de las poblaciones, aparecen niños, nuevas ganas y actitudes aplastantes.







BILL CALLAHAN
Apocalypse

drag city, 2011

Cuando el tiempo transcurre, cuando las corrientes artísticas se suceden y el viento golpea con firmeza, son pocas las emociones que vuelven intactas desde el espejo adornado, en ese eco imperturbable encontramos a Bill Callahan y su creación, desde los tiempos de Smog que hace gala de una profundidad musical que aturde, certeza y austeridad, liberación y delicadeza, todo se concentra aquí, las huellas firmes de uno de los compositores más importantes de nuestra época. "Apocalypse" es una nueva flor que se abre en el desierto, en la desesperanza, el muchacho de Maryland y su voz, el sacudimiento, la vida que se desliza entre canciones áridas, sinuosas y afectivas, continuando con perfección una trilogía que parte en "Woke On A Whaleheart" (2007), seguido por el celestial "Sometimes I Wish We Were An Eagle" (2009), Bill Callahan y su apocalipsis personal, el acercamiento sensitivo de Smog con nombre y apellido.
Partiendo esta obra de siete cortes con la oscura "Drover", guitarras atormentadas cruzando la carretera de folk aislado, la voz de Callahan transmite angustia y desencanto, percusiones crudas de Neal Morgan que adornan el pedregal, una belleza pálida envuelve este atardecer reflexivo, musicalidad robusta, intensidad y country rock de mala semilla. En "Baby's Breath" se apoya en la pausa, en el magnetismo de su voz, aquilibrio y distancia, mostrando al cantautor que peregrina en su lírica instintiva, más aún con la irónica "America!", donde se burla del fastuoso orgullo patrio norteamericano, las tropas, la fuerza aérea, notamos a un Callahan insurgente, apestado de la mentira gringa, los intereses económicos, las muertes.
La segunda parte del disco es más lenta, más intimista también, canciones como "Riding For The Feeling" que se mueve por una neblina nostálgica y bella a pesar de todo, la desilusión de una estación terminal, lágrimas que se amontonan en la fuente. Sentados junto al artista notable, el hombre sensible que observa el horizonte y las multitudes, "Apocalypse", las resonancias de una vieja iglesia. Algo muere.


Raúl Cabrera H.













BORIS
New Album

daymare/tearbridge, 2011

La hiperactiva banda japonesa Boris nos vuelve a sorprender entre retorcimientos y un sonido lustroso que no podemos definir, han viajado desde el noise más perturbador (colaboraciones con Merzbow incluidas) hasta el pop electrónico (J-pop) sin perder nada de nervio y desenfado, Takeshi, Wata y Atsuo se reinventan en cada pasadizo que recorren, es Boris y su "New Album" o quizás deberíamos decir 'nueva música', perdidos entre las atmósferas luminosas de "Hope" y "Party Boy", es como si quisieran agarrar ese polvo estelar dejado hace tanto tiempo por My Bloody Valentine y regalarlo en delicados trazos de arte oriental, experimentan, deconstruyen, mientras caemos en el canto hipnótico de Takeshi. También se atreven con el dance desfigurado en "Black Original", ruido y pop japonés entrelazados como gemelos siameses, les ha quedado perfecto y se entregan al aislamiento de los sintetizadores con "Pardon?", delicado manto protector, una canción de cuna que se derrama entre arpegios de guitarra liberadora muy a lo Boredoms. Luego de la calma ha de venir el ardor, eso es "Spoon", un nuevo acercamiento hacia el aluvión shoegazing, orgíastico, maravilloso, campanillas digitales que ensordecen y otra vez las armonías japonesas cautivando.
Boris toma el equipaje de más de 15 años de creación para tirarlo todo encima de este "New Album", como una especie de re-descubrimiento dentro de sonidos ya visitados, pero sacándole toda la humareda y dejando el brillo, la estática, esa miel sedante de "Tu, La La" que corremos a saborear, no sabemos que pensarán ahora los seguidores de su vena más doom-post-metal (Sunn O))), pero desde el antro esquimal y con un disco tan bien logrado como este podemos decir que al menos nosotros les creemos.
Vuelta de tuerca generosa, el mejor noise-pop venido del Japón.


Raúl Cabrera H.













SEA OLEENA
Sleeplessness
self-release, 2011

Desde Montreal, Canadá, se abre una cortina hacia un universo de ensueño, Sea Oleena es Charlotte una muchacha que da paso al viento y al silencio en su música, ha grabado "Sleeplessness" en la más absoluta soledad, alejada de cualquier ejercicio de estilo deja que corra la imaginación y el instinto por estas 7 canciones, ambientes lluviosos por los que deambulan susurros, guitarras cristalinas y grabaciones accidentales, su voz llega con una fragilidad que sobrecoge, el vaciamiento es total, una tenue luz que permanece en la tormenta como el único faro para los afligidos, entre Grouper y Stina Nordenstam, pero mucho más silvestre y distanciada, como si se tratáse de un tesoro guardado por una niña, sonidos orgánicos, cajas musicales, cascabeles y juguetes. El paso hasta otro estado perceptivo, la timidez, la ilusión y la avalancha.

Cartas sonoras de amor para nadie. Nieve.


Raúl Cabrera H.














El regreso de la bestia berlinesa, tan esperado como sorpresivo, y vaya que hacían falta después de más de 10 años en el congelador, Alec Empire bendito seas por despertar ese engendro que revitalizó el zumbido industrioso en los 90s', dándole una nueva cara como hardcore digital o como quieras llamarlo, lo único cierto es que hicieron escuela y la infección ruidista de la escena actual no sería la misma si no hubiesen estado ellos antes.

Atari Teenage Riot reformulados con Empire a la cabeza junto a Nic Endo y un nuevo miembro CX Kidtronik, un verdadero temblor en los cimientos de una escena actual super adormecida y estandarizada, "Is This Hyperreal?" otra vez es violencia sin miramientos, no han perdido nada de suciedad y desgarro, las máquinas arremeten con poder desde la partida en "Activate", una sociedad en crisis, un mundo que se cae a pedazos y ellos vienen para hacer mover a los autómatas, ya no necesitamos maniobras de virtuosismo musical, lo que ahora queda es cortar, dañar y bailar sobre ataúdes. Si no te queda claro entra en la frecuencia de "Blood In My Eyes" y su pulso robótico, anormal, con una Nic Endo con toda la rabia acumulada, grietas, oscuridad y malas vibras confundiéndose en la danza EBM. También "Black Flags" demuestra enfrentamiento, protesta callejera, alianzas que se rompen y una democracia que ya no sirve. "Digital Decay". Descontrol y golpeteo industrial a la mejor manera de Nine Inch Nails y Godflesh en "Is This Hiperreal?", un discurso de revolución que se alza sobre los poderosos, se oscurece el tiempo, mutación y venganza, las máquinas se toman el espacio para hacerlo añicos, puro vómito negro.
Desde ya Atari Teenage Riot son en el gran retorno de 2011, la desfiguración, neblina punk para los años vampiros, cuando la música traspasa los sonidos para convertirse en bandera de lucha. Una necesidad. "Is This Hyperreal?" es como un río de lava acercándose.

El infierno ya está aquí.


Raúl Cabrera H.










3 años de ventisca hawaiana....








La palabra que define a esta grabación es ‘crepúsculo’. Y no se refiere precisamente a la famosa cinta. Crepúsculo es la traducción de la palabra japonesa tasogare, palabra que viene a su vez marcar el inicio de una nueva temporada para la siempre interesante plataforma, ya conocida en este sitio, llamada 12k. En abril del año pasado Taylor Deupree partió con sus maletas rumbo a Japón para realizar una exposición de sus fotografías, ‘Unseen’, en la galería Nadiff. Pero la visita no podía quedarse solo en eso. Además de las instantáneas, se organizó un showcase del sello en la capital nipona, con varios representantes de su roster. Divididos en dos días y en dos lugares diferentes, se presentaron seis artistas, y de ello nace este registro en vivo.

“Tasogare: Live In Tokyo” reúne, además de a Deupree, a los japoneses Minamo, Sawako + Hofli, Moskitoo y a los australianos Solo Andata. Obviamente que por límites de tiempo no cabrían en un solo CD el total de los registros, pero lo que hay adentro de él basta y sobra para asistir a una presentación que por su sonido no parece que se haya hecho en vivo, pero que se nota esta hecha al calor de un local poblado de oídos ajenos. Como dije antes, se trata de extractos de presentaciones, y el primero de ellos corresponde al cuarteto MINAMO, quienes recién habían publicado “Durée” (12k, 2010). Abril 11, la sala, diseñada por Frank Lloyd Wright, Jiyu Gakuen Myonichi-kan. Y lo suyo es una suerte de folk con electrónica, que no folktronica, donde se lanzan a la improvisación tranquil. Pequeños destellos de luz resplandecen mientras las cuerdas de una guitarra acústica tejen unos acordes tiernos, hasta convertirse en unos acordes de música mántrica a la vez que campestre. Abril 10, Templo Komyioki. La audiencia sentada en el piso sobre unos tatami, y sin zapatos, claro. Otra compatriota suya se presenta ante ellos realizando un show en donde destaca una voz de niña sacada de un film de terror para posteriormente adentrarse en una juguetería de sonidos, pequeños ruidos revueltos, grabaciones de aves, sin que esto pierda el carácter íntimo, hasta volver a su voz, esta vez menos oscura y más luminosa. Los responsables de cazar estos sonidos de niños adultos son SAWAKO junto a HOFLI. La forma como que adoptan los instantes finales de esa parte del show, los últimos cinco minutos, calzan a la perfección con lo que sigue. MOSKITOO, la única que hace aquello que llamamos canción, aunque en un sentido bastante amplio. Lo que se hizo fue escoger tres de ellas y unirlas en quince minutos, momentos donde la electrónica quebradiza tiene su lugar. Glitches y demás fallas digitales sobresalen por encima de la voz que aparece a ratos, que alude a parte de ese sonido ya no tan habitual en el catalogo del sello del Empire State, y que sigue estando vigente, al mismo tiempo que trae agradables recuerdos, donde melodías sencillas se inmiscuían entre un telar sonidos mulitidireccionales, siempre al servicio de esas melodías, lo mismo que ocurre en estos quince minutos. Y ahora, de la canción a los ambientes profundos. SOLO ANDATA, en su primera presentación en la isla, se sumergen en las profundidades abisales. Lo que en el excelente “Solo Andata” (12k, 2009) era intenso, acá es simplemente un sonido insondable, el de color más negro de los cinco, o comparándolo con su disco, de un azul marino profundo. El drone oscuro, el ambiente espeso se apodera de la sala. Abril 11, y es el turno del jefe. Poco ya se puede decir sin sonar reiterativo, basta con decir que el norteamericano ya ha alcanzado un nivel donde casi se puede comparar con sí mismo. En vivo, solo con laptop, TAYLOR DEUPREE recurre a su extenso campo de grabaciones, tejiendo una gran red que da vida a una canción extensa y amplia, una suerte de electrónica bucólica, colocando sonidos diminutos por aquí, otros aún más pequeños por allá, que no hacen que esto estalle, pero si somos testigos del esplendor de unas simples notas. Música para el florecer de un cerezo en plena primavera.

Estas grabaciones en vivo desde el Japón exhiben un espíritu de fraternidad y de unión, que con sus distintas variantes, son muestra de una forma de enfrentar el arte, casi siempre en búsqueda de la belleza, muchas veces alcanzándola, el resto rozándola. “Viajamos juntos, comimos, exploramos, nos enojamos, bromeamos, y amamos todo lo que pasa en una semana con un grupo de gente. Recolectando estas grabaciones y tiempos en un disco captura eso para todos nosotros”. “Tasogare: Live In Tokyo”, un grupo de amigos recogiendo sonidos que vienen desde la luz entre el día y la noche.


Hawái.












Otra vez persiguiendo incansablemente aquel sonido que no está, y mirando a la música más como un fenómeno físico, Richard Chartier entrega su último disco, una investigación en los tiempos en que cualquier perturbación sonora que no fuera reconocible era mirada más como un evento extraño. El año pasado Chartier obtuvo una Beca de Investigación Artística por parte del Instituto Smithsoniano, en particular para adentrarse en la colección del siglo XIX de aparatos acústicos para pruebas científicas del Museo Nacional de Historia Americana. Una oportunidad histórica para hurgar en los albores de la música electrónica antes que se pensara siquiera en ella.

Entre los meses de junio y agosto se dedico a registrar estos instrumentos, entrado en las creaciones del físico alemán Rudolf Koenig, en particular en Gran Tonómetro, “una pieza de 670 diapasones que expresa el rango de frecuencia de 260 hz. hasta 4096 hz. El grado de los diapasones se extienden más de cuatro octavas, proporcionando un medio perfecto para la prueba, mediante la enumeración de los golpes, el número de vibraciones de la producción de cualquier nota dada”. Este, como otros fascinantes aparatos fueron objeto del estudio del de Washington durante el cual registro digitalmente para luego editar esos sonidos. “Estos instrumentos que Koenig hizo fueron hechos para visualizar o mostrar como funciona el sonido. Esto es en 1870. En ese tiempo la comunidad científica no tenía realmente interés en el sonido. La acústica era considerada física, pero el sonido en sí mismo aún era considerado una partícula, lo cual es raro cuando lo piensas. Así que mucho de lo que estaba haciendo era probar que el sonido era una onda y no una partícula”. La pieza, ‘Transparency’ –en parte inspirada por la exhibición ‘ColorForms’– fue presentada en el Museo Hirschhorn en octubre pasado usando solo una parte de lo que registró digitalmente en su estadía dentro de los archivos del instituto, recontextualizando la obra de Koenig, disgregando las ondas sonoras en la parte más mínima. “Transparency (Performance)”, la primera de una serie de trabajos basados en estas grabaciones, expone y muestra como trabajan estas ondas ocultas en un ambiente en que la discreción parece ser el concepto. Discreción y atención. Los sesenta y un minutos que se prolonga demanda un estado vigilante, pues la delicadeza de lo que suena obliga a estar atento a cada minuto. Esto más bien parece como un gran mar con pequeñas perturbaciones –se recomienda oír a volumen alto–, muy diminutos sonidos, chasquidos, timbres, tonos. Todo superpuesto de una manera a las que nos tiene acostumbrados, una en que todo fluye, en que la disonancia queda fuera y en que nada sobra ni nada falta. El acto de escuchar deja de ser meramente una actividad trivial, sino un acto en que si uno le dedica el tiempo se convierte en algo sustancial, algo en que podemos percibir los cambios que se producen en el aire mientras algo ahora tan común como un CD suena de fondo, o como lo que sale de él cambia el aire y el espacio. Algo que quizás Rudolf Koenig nunca se imaginó hace mas de un siglo atrás, pero que se hace realidad con su primera colaboración post mortem.

“Aún estoy explorando el aspecto del espacio entre los sonidos”. El interés de Richard Chartier bien podría ser el mismo del físico alemán. Si consideramos que la música se construye entre combinar el silencio con los sonidos, Chartier es un gran artista del sonido, es decir, un gran músico, aunque lo suyo es, cada vez más, buscar esa música recorriendo la distancia la distancia más corta que existe entre un sonido y el silencio. Nunca mejor puesto un título, “Transparency (Performance)” es música transparente, una canción que juega a cazar frecuencias altas y bajas.


Hawái.











SIMON SCOTT
Depart, Repeat
sonic pieces, 2011

Existen ciertos músicos que habitan en la sombra, escondidos a las espaldas de otros, sea por el ego de otros o porque simplemente no quieren aparecer, al menos no de una forma protagónica. En el tiempo que existió Slowdive, Simon Scott era solo su baterista. Disuelta la magia de la banda de Neil Halstead, vino Mojave 3. Pero Simon ya no estaba ahí. Desde ahí en adelante ha seguido creando música, un tanto al margen, primero como Inner Sleeve, luego como Televise, hasta un dúo con Anthony Ryan. No fue hasta recién dos años que se atreve a editar con su propio nombre, y lo ha hecho editando en sellos que han traído nuevos aires a la música contemporánea, hablo de Miasmah, Immune y Low Point.

Esperando un disco más largo, siempre es agradable oír esos discos breves pero intensos, minúsculos y precisos. Hablo de los singles, en especial los 7”. Uno de esos es este, que también aparece en uno de esos sellos de la avanzada escondida, la marca alemana Sonic Pieces –en su catálogo no sobra nada–, con un diseño, obra de Monique Recknagel, jefa del sello, que va a la par con la música. En su otra producción se ha inclinado notoriamente por el ambient y el drone suspendido, mostrando una cercanía con aquella magia de comienzos de los noventa, pero para esta especial ocasión no. Para este sencillo disco vemos y oímos a Simon abordar un género un tanto diferente, el del folk terminal. Por tanto quien esperaba un largo instrumental se sorprenderá agradablemente con estas dos piezas. Con la ayuda del alemán Nils Frahm, quien lo acompaña en piano, sintetizador y glockenspiel, Scott con su guitarra, un xilófono y su voz canta palabras de pérdida, compañía y paisajes yermos. “Never Alone”, la cara A, se construye sobre la guitarra acústica y tan solo tres acordes que se repiten, ornamentado con notas sueltas y una capa de electrónica muy, pero muy sutil. La forma es tan tranquila que apenas nos damos cuenta que algo suena y ayuda a percibir esos detalles, hasta que llega un momento en que la fragilidad se quiebra, la fuerza contenida estalla, el coro se hace etéreo, mientras las manos al piano de Frahm avanzan rápidas e impetuosas hacia un lugar llamado victoria, lugar al que llega la canción. Palabras recogidas entre el ruido musitado: “Down by the water, under the stars / Meet you at midnight to hold in my arms/ Isn’t it funny what we have to share?/ Never alone”. Cambio de lado, y el turno para otra pieza de estudios vacíos. “Left Vehind The World” y de nuevo las cuerdas de nylon, rasgadas se diría que con dolor y resignación por una partida. La melodía llega a ser universal de tan sencilla, y otra vez el alemán destaca por sus arreglos tenues –desde estas páginas avisamos sobre el futuro de Frahm, así como sugerimos visitar su obra: tres de ellas son “7fingers” (Hush), junto a Anne Müller, “Explorer’s Club: 7. Belfast – Reykjavik” (LOAF) y “Music For Lovers, Music Versus Time” (Sonic Pieces) con F.S. Blumm, todas del 2010–. Más palabras rescatadas desde el pesar: “Every morning I wake, I leave/ Empty stations depart, repeat/ I don’t mind, I’ve left behind the world”.

Quien diría que tras un músico que hasta ahora había destacado por el drone y la electrónica planeadora se hallaba un cantautor de folk desgarrador. Pero la prueba está, y es esta “Depart, Repeat”, un 7”, el primero de siete que lanzará Sonic Pieces en tiradas limitadas de 300 copias, que es un buen augurio sobre los restantes lanzamientos, y que deja la incógnita acerca del próximo disco de Scott. “Nos vemos a medianoche para tenerte en mis brazos / ¿No es gracioso lo que tenemos que compartir? / Nunca solos”, cantaba algo esperanzado primero. “Cada mañana me despierto, me voy/ Estaciones vacías salen, se repiten / No me importa, he dejado atrás el mundo”, cantaba después mientras abrazaba el retiro y se disponía a abdicar.


Hawái.








El Sueño del Esquimal transmitiendo esta noche de jueves 2 de junio, a las 21 hrs por Radio Placeres 87.7 fm, desde Valparaíso, en línea además por aquí..












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