julio 05, 2012

El Sueño del Esquimal #359, jueves 5 de Julio.



Sentimiento congelado no me dejas ver, creo que algo me retiene sin encontrar la respuesta.







Disintegration
fiction, 1989

Hay que recurrir a recuerdos propios al momento de escribir sobre The Cure, más todavía si hablamos de un disco tan especial como "Disintegration" publicado en 1989, un año sin duda de inflexión, de supuestos cambios que nunca llegaron, cada fin de década trae consigo un mar de especulaciones, varios puntos 0 que por entonces bien valían una reflexión, como un lavado de cara profundo para seguir pedaleando sobre la máquina con nuevas actitudes y energías, cuando uno va así de perdido por el mundo estas simples cuestiones cobran un poder insospechado sobre todo hacia el interior, yo tuve la suerte (o la desesperanza) de encontrarme en el Norte de Chile, con ese sol abrazador germinando pordoquier cuando este disco apareció, y claro, lo esperaba con cierta devoción, sin tener idea sobre el fuerte componente emocional y hasta cierto punto conflictivo que contenía, eran los días finales de la dictadura de Pinochet en Chile, pero para Robert Smith y The Cure también era un momento de definiciones; continuar con la carrera de éxitos de trabajos anteriores como "The Head On The Door" (fiction, 1985) y "Kiss Me Kiss Me Kiss Me" (fiction, 1987), que los habían situado como uno de los 'grupos más importantes del mundo' en esa época, las cosas venían mal, los rumores de separación rondaron fuertemente la grabación de "Disintegration" y Robert Smith no ayudaba mucho con declaraciones tan chocantes como "... y que importa si al final de todo The Cure soy yo" y otras por el estilo, el ambiente era espeso y no es extraño que el disco fuera un remezón para la banda y por consiguiente para los miles de jóvenes que lo esperaban con ansias, mucho delineador, peinados y ropa negra, aunque parezca un chiste en ese tiempo la gente se abanderaba con una banda hasta casi asumir los patrones del artista, y los 'Curemaníacos' eran de los más adictos.

Más allá de las modas y los seguimientos enfermizos, The Cure era un núcleo creativo de vida independiente, ya habían escrito páginas fundamentales para el post-punk y el dark con discos como "Seventeen Seconds" (fiction, 1980), "Faith" (fiction, 1981) y sobretodo "Pornography" (fiction, 1982), la trilogía maldita para muchos. La fama les llegaba de rebote y de golpe sin quizás buscarla mucho, incluso ya contaban con una separación a cuestas luego de "Pornography", pero el éxito abrumador de singles ya clásicos como "In Between Days" y "Boys Don't Cry" (este último atrasado ya que se trataba de un tema de 1980) les había dado nueva vida, y claro, estos muchachos ingleses tenían todavía mucho por entregar; la lírica salvaje, nostálgica y destructiva de Smith era un pecado que se perdiera, también su manera de tocar la guitarra influenciaría a muchos desde el punk, el gótico hasta el shoegaze que pronto despuntaría, los bajos oscuros de Simon Gallup que retornó a la banda en 1985, Boris Williams en las percusiones... al fin The Cure tenía un beterista que sabía tocar, Porl Thompson en la segunda guitarra y el lastre fraterno de Laurence 'Lol' Tolhurst que se haría cargo de los teclados (caso aparte, el tipo reconocía no saber tocar ningún instrumento, sin embargo era amigo de infancia de Robert y siempre lo venía acompañando en The Cure, se entiende). Y bueno justo en este punto, entre la popularidad arrolladora que creo nunca supieron tragarse y los vientos congelados en la cratividad de Smith aparece "Disintegration" como un estandarte de permanencia, ya no mirando tanto al público masivo, sino que volviendo a ese aliento frío de sus comienzos, pero mejorados musicalmente, quién dirá lo contrario si el disco parte con esa verdadera joya secreta llamada "Plainsong" ('una simple canción'), declaración de derechos, una cascada de sonido oscuro y congelado que pocas veces se han oído, grandiosa, cristalina y a la vez sencilla, con una letra nefasta que habla de la soledad y el dolor, tras un comienzo así como una liturgia uno no sabía a donde iría a parar todo este trayecto, menos mal a Robert Smith se le ocurre continuar con "Pictures Of You" que luego sería single, tenían que mantenerse, pero si le sacamos el rótulo de 'sencillo', este tema trata sobre el mismo abismo nevado sólo que con un poco más de luz, cuando la voz terminal de Smith reza... "He estado viviendo tanto tiempo con mis fotos de ti, que casi creo que esas fotos son, todo lo que puedo sentir", y por supuesto no era simple, la procesión va por dentro como se suele decir, justamente en canciones como "Closedown" y "Last Dance" uno puede entender hacia donde va esta obra monumental para el invierno y las miradas bajas, son ambientes ultra intimistas y oscuros, detallistas y devastadores que se quedarán para siempre contigo en una mala tarde. Con el tiempo supe que este disco a la fecha ha vendido 3.000.000 de copias y uno se estremece un poco, habrá sido un asunto de épocas, quién sabe, lo cierto es que singles como "Lullaby", "Love Song" y "Fascination Street" no estaban nada de mal y son clásicos, aún así con todo eso el sonido de álbum sigue siendo agudo, catártico y a la vez profundamente compacto, conceptual y bello a fin de cuentas, cosa que queda de manifiesto con la etapa final de este trabajo, "Prayer For Rain" de más de 6 minutos de caída libre frente a la desolación y esa voz siempre como una bandera "...me deterioro, vivo en la suciedad, y nada brilla como la tristeza y el cansancio, las horas se han ido malgastando el tiempo, todas ellas esperando la lluvia" , luego vendrá la lluvia con "The Same Deep Water As You" 9 minutos más de malos presagios, pena y sombras con esos teclados envolventes de Roger O´Donnell (de 'Lol' nunca más se supo y terminó en los créditos del disco tocando 'otro instrumento'), no es antojadizo a este punto comparar en ciertos aspectos a "Disintegration" con "Closer" de Joy Division, ambos son discos de ruptura y de gracia misteriosa en su máxima expresión, curiosamente estos 2 trabajos muestran un final, para Joy Division significó el suicidio de Ian Curtis y la formación de New Order, mientras que para The Cure son las últimas flores malsanas realmente importantes en su trayectoria, lo que vendría despúes solo es fatiga, remordimiento y palidez ante esta creación intensísima, existencialista y seductora, como punto aparte recomendaría no olvidar nunca los 3 temas finales de "Disintegration", el track homónimo que es un colapso definitivo, "Homesick" y "Untitled", luego de esto pocas cosas quedarán, solo un disco de larga duración como decía la pegatina sobre el casette de 1989.
Hace frío y esta es la música especial para llevarlo siempre contigo.

Raúl Cabrera H.








OneTwoThreeFour EP
slumberland, 2012

Black Tambourine no son exactamente una banda nueva, de hecho, el grupo estuvo activo a finales de los años 80 y principios de los 90, con una breve pero brillante carrera que ayudó a forjar lo que hoy conocemos como “indie-pop”. Aunque en los siguientes años hubo un par de recopilatorios que permitieron revisar y conocer su paso por la música, hace ya 21 años que la banda está durmiendo el sueño de los justos. O lo estaba hasta inicios de este 2012, pues la agrupación confirma su regreso con este nuevo EP.

El nuevo lanzamiento lleva por título "OneTwoThreeFour" y fue publicado el 15 de mayo a través de Slumberland, la disquera de su guitarrista Michael Schulman, en versión digital y vinil doble de 7”. El EP cuenta con cuatro covers a temas de The Ramones, realizados por el grupo junto a algunos invitados especiales como Dee Dee de las Dum Dum Girls, Linda Smith, Rose Melberg de The Softies y Jenny Robbins de Honeymoon Diary.

Además de este álbum, el grupo también está preparando una serie de conciertos en diversos lugares de los Estados Unidos como parte de las celebraciones por los 20 años de la revista/blog Chickfactor, que por cierto fue fundada por la cantante del grupo, Pam Berry.

Finalmente, el grupo ya presentó el primer adelanto de este disco titulado “What’s Your Game”, en el que se pueden escuchar los coros de Dee Dee, Linda Smith, Jenny Robbins y Rose Malberg. El track tiene definitivamente una personalidad dream-pop que le da un aire muy diferente al track original, con todo y que conserva casi el mismo ritmo.

por Jackie Fonseca








The Lost Tapes (1968-1975)
mute/spoon, 2012

Pascal Bussy & Andy Hall escribieron, no con hermosas palabras y dramáticos giros narrativos, pero sí con puntualidad, la biografía de Can ("The Can Book", SAF, 1989), grupo que hoy, no obstante el paso de los años, no sólo es una gran influencia, sino una banda inclasificable, atípica, verdaderamente única.

Ya el año pasado, con el pretexto de la celebración del cuadragésimo aniversario de la aparición del álbum "Tago Mago" (1971), se llevó a cabo una reedición del mismo en donde, como extra, se incluyeron algunos cortes registrados en directo en 1972. Pero en el mundo de los devotos de esta legendaria agrupación, la sed nunca se sacia.

Can es una entidad única porque sus integrantes no sólo provenían de diferentes extracciones musicales; también pertenecían a generaciones distintas. Entre el tecladista Irmin Schmidt, el integrante de mayor edad, y el guitarrista Michael Karoli, el más joven, había una diferencia de once años: un abismo en la música pop. Schmidt tenía ya 32 años cuando se editó la primera placa de Can en 1969: "Monster Movie".

Esa disparidad de edades, esa brecha de influencias fue definitiva en la formación de Can.

Bussy y Hall, hacen hablar al bajista Holger Czukay en el siguiente fragmento: “Allí [en la escuela de St. Gallen] mis estudiantes me hicieron descubrir la música de rock. Uno de ellos era Michael Karoli y juntos exploramos las posibilidades técnicas de la guitarra y los métodos modernos de composición […] Cuando comenzamos Can, Jaki [Liebezeit] frecuentemente me preguntaba por qué tocaba demasiadas notas. Me dijo que tocara en un solo tono, que eso era suficiente. Para mí eso era nuevo, la sencillez era una idea completamente nueva y era bastante difícil”.

Karoli venía del rock, Jaki Liebezeit del free jazz, Holger Czukay e Irmin Schmidt de la música de concierto. En el camino se les unió primero Malcolm Mooney, un inestable vocalista que al cantar efectuaba largos y monótonos recitativos, en ocasiones cargados de blues y un buen día, al borde de la locura, abandonó la banda. El otro vocalista, un samurái que encontraron cantando en la calle justo antes de una presentación y a quien no dudaron en invitar de inmediato a unirse al grupo fue Damo Suzuki, una furia vocal, un individuo capaz de concitar en un punto único todas las emociones.

Can es objeto de revisiones frecuentes y la más reciente acaba de aparecer. "The Lost Tapes" (Spoon/Mute), un título poco afortunado, recopila en tres CD’s lo más interesante de 50 horas de grabación encontradas en los archivos de la banda, una curaduría llevada a cabo por el propio Irmin Schmidt y Jono Podmore. Se trata de grabaciones realizadas en los estudios Schloss Nörvenich (durante mucho tiempo el centro de operaciones de Can), Inner Space, Weilerswist, así como otras en directo.

Hay en la selección composiciones que remiten a sus experimentos con la música del mundo (“E.F.S. 108”), música compuesta expresamente para el celuloide (“Messer, Scissors, Fork And Light”, “Dead Pigeon Suite”), affaires sicodélicos (“Waiting for the Streetcar”), devaneos vocales de Damo Suzuki. Pero hay, sobre todo, la confirmación de que Can era una blockbuster del rock, una aplanadora que en vivo alcanzaba sus mejores cuotas de experimentación, cuando luego de calentar, encontraban ese click que los llevaba a ellos, y a quienes se encontraban a su alrededor, a esa franjas de tiempo en donde todo se convierte en algo inmaterial.

En estudio, las composiciones de Can surgían a partir de largas improvisaciones que luego eran editadas, a la manera de Teo Macero, el productor de Miles Davis, por Holger Czukay. Era un verdadero cortar y pegar porque en ese tiempo la edición era sobre cinta magnetofónica y con tijera. En directo, Can era impredecible. Aunque casi siempre sus noches eran de lo más afortunadas, había ocasiones en las cuales campeaba el desastre.

"The Los Tapes" recoge ambas versiones de la banda: la cara meticulosamente procesada en el estudio y aquella más descarnada, la mostrada en los conciertos. En ambos rostros, como escribe el propio Schmidt en las notas de presentación de este combo, la idea se centraba más “en la atmósfera de crear que en la búsqueda de la obra maestra”.

por David Cortes








WIXIW
mute, 2012

Impredecibles, inquietos: son dos calificativos que casi siempre han ido de la mano de Liars, una banda que comenzó en terrenos punk-funk y acabó en el noise-rock, habiendo pasado previamente por la no wave. Digo casi siempre porque puede ser que se acomodaran un poco en "Liars" (2007) y "Sisterworld" (2010), que son dos álbumes (sus dos últimas entregas) bastante parecidos entre sí, estilísticamente hablando. Esto no quiere decir que sean malos discos, pero se hace raro ver a un grupo como el liderado por Angus Andrew quedándose más de una vez en el mismo peldaño. Y parece que eso mismo pensaba el trío de cara a la preparación de su nuevo LP. Si no fuera por unos rasgos que los identifican claramente, a estos Liars no los conocería ni la madre que los parió. Adiós a las baterías, adiós a las guitarras distorsionadas y cerdas y, por lo general, adiós a lo analógico como primera herramienta para construir. La electrónica es el elemento principal que conforma ‘"WIXIW", un nuevo LP cuyo título-palíndromo no va exento de significado, ya que según ellos implica “la idea de comenzar en algún lugar, pasar por algo y acabar en el mismo lugar en el que comenzaste”.

Ya que esta explicación no arroja a priori demasiada luz en torno a lo que nos proponen, habrá que buscar pistas por otro lado y una de las más claras es la elección de Daniel Miller como productor. Miller no solo es el fundador de Mute, sello íntimamente ligado a la electrónica experimental (y del que forman o han formado parte artistas como Throbbing Gristle, Depeche Mode y, por supuesto, los mismos Liars), sino que también es uno de los pioneros del estilo con su proyecto The Normal. Lo que aquí esta sucediendo, a fin de cuentas, es un borrón y cuenta nueva en toda regla. Aquellos que esperen un disco sucio y estridente, que se lo piensen mejor, porque contrariamente a lo que podíamos esperar, "WIXIW" es un álbum que, además de oscuro, rebosa elegancia y hasta belleza en algunos de sus pasajes. De esto nos daremos cuenta nada más darle al play y escuchar "The Exact Colour Of Doubt", relajada y atmosférica, con Angus cantando, casi susurrando, melódicamente mientras bajo, guitarra y sintetizadores revolotean con suavidad. Una delicia de comienzo con detalles muy de los Radiohead actuales. No parece casualidad, pues, que Thom Yorke remezclara uno de los temas de "Sisterworld"; algo se les ha tenido que quedar en la retina.

Con "Octagon", segundo corte, prosigue la influencia de los de Oxford, pudiendo ésta haber formado parte de "Amnesiac" o "In Rainbows". Con ella prosiguen las atmósferas oscuras y sinuosas, acompañadas de ritmos abstractos. El excelente single "No. 1 Against The Rush" cierra un comienzo brillante con su electrónica kraut y unas melodías y cadencias que se pegan como una lapa, por lo que se muestra perfecto como introducción a este nuevo episodio. "A Ring On Every Finger", más rítmica y menos melódica, es una especie de llave de paso a la parte intermedia del disco y gracias a la cual empezamos a entender lo que se nos explicaba sobre comenzar en un lugar y avanzar hacia otro, donde encontraremos canciones tan dispares como "Ill Valley Prodigies", extraña como sólo Liars saben hacer, con una guitarra acústica, samples arrítmicos y “melodías” vocales agudas, o el tema titular, con aires a lo Animal Collective. Ésta última y, más enfáticamente, "His And Mine Sensations", provocan la vuelta al punto en el que habían comenzado, completando el círculo y encaminándonos a la parte final de "WIXIW", cuarenta y tres minutos sin desperdicio con un cierre en el que destacan la delicada y tranquila "Who Is The Hunter", que comienza con un bajo tristón acompañando la voz de Andrew (quien está sacando más partido que nunca a sus cualidades vocales) y crece hacia el final; "Brats", un subidón cercano al tecno de proyectos como Moderat y "Annual Moon Words", de nuevo con el kraut por bandera, pero con un punto soleado que le viene estupendamente.

Siendo un álbum que da de sí para dos caras de un LP, el viaje parece mucho más largo y no porque se haga pesado, sino porque en un minutaje bastante ajustado dicen muchísimo y todo lo que ofrecen tiene sustancia. En su momento no lo pensé, pero transcurrido un tiempo llegué a tener la impresión de que Liars se habían estancado en "Sisterworld", pero a los dos años vuelven con un disco así de grande, en el que siguen siendo ellos mismos aún habiendo cambiado gran parte de sus cimientos. Sólo queda aplaudir el giro y el riesgo tomado.

por quietmansmiling
desde jenesaispop.com








Analogies
morr music, 2012
 
Con una predisposición determinada no es para nada difícil apreciar "Analogies", el disco que la berlinesa Masha Qrella (de Contriva y Mina) lleva preparando desde hace más o menos siete años. Basta un poco de receptividad emocional hacia la fragilidad indie, cierta inclinación hacia lo imperfecto, y podrán valorarse debidamente los apuntes post-pop de "Hawaii", que podrían recordar a Stereolab, o la parte de "Crooked Dreams" que plagia a Erlend Øye, o la torpe imitación de The Cure del principio de "Bluebottle", o esa forma de titular "Take Me Out" una nana irremediablemente perezosa. No digo yo que no. Sin la sensibilidad pertinente, la cosa se complica, las limitaciones (vocales, líricas, instrumentales) de Qrella pueden irritar sobremanera, por ejemplo en la ñoña "Fishing Buddies", que sale nada más y nada menos que dos veces (!), y cuesta salvar de la quema algo más que un trozo de estribillo de la ochentera "Call My Name", si me apuran.
 
por Gloria González








El Sueño del Esquimal #359 se transmitirá el jueves 5 de Julio a las 21:00 hrs. por Radio Placeres 87.7 FM desde la bahía de Valparaíso, también online para el resto de este y los otros mundos, www.radioplaceres.cl.













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