diciembre 17, 2008

El Sueño del Esquimal # 232, jueves 18 de diciembre

Se nos va el año y aquí te entregamos el último Sueño Esquimal de 2008, después los recuentos, las listas y todo ese payaseo adorable de fin de año.




SIGUR RÓS
Með Suð Í Eyrum Við Spilum Endalaust
xl, 2008.

El cuarteto islandés vuelve a la ruta con su nuevo disco de estudio, regresan los cielos anchos y esa magia polar que nos paralizó en "Ágaetís Byrjun" de 1999, el tiempo ha pasado y vuelven a estremecer, luego de una buena y prolongada siesta.
Confuso es el comienzo con la tribal "Gobbledigook", pareciera una danza ancestral, enrarecida con cantos espectrales y ambientes psych-folk del tipo Akron/Family. Sentimos aire fresco de inmediato y el puente se extiende directamente hasta tu interior, como en "Góðan Daginn" con esa voz tan especial de Jón Pór Birgisson en primer plano junto a las cuerdas que se van suspendiendo en el aire hasta casi desaparecer, un fantástico refugio de pop gélido que guarda calor y hechizo en su centro, cuesta encontrar puntos bajos en esta obra sincera, esencial y cubierta por ese halo misterioso de la música venida desde Islandia, desde Kukl hasta Amiina y Olöf Arnalds, la Reykjavik más oscura desprendiendo su manto arcano nuevamente.
"Festival" es un estrella potente y solitaria, un tema extenso que demuestra todo lo brillante de este trabajo, comienza en la lejanía de la calma, una voz que se alza delicada y que cala hondo junto a los armónicos de un teclado expansivo y minimal, para luego derramar el cuerpo vigorozo de la orquesta esquimal, se elevan progresivamente hasta cubrir la bóveda celeste por completo y terminar en un orgasmo de melodías plateadas que nos hace sonreir satisfechos.
Mientras más se alejan de Radiohead y U2, la búsqueda empieza a entregar los sabrosos frutos, "Ára Bátur" es sólo Sigur Rós, de nuevo los prados floridos y la plegaria fiel, cada vez más alejados del post-rock también, cercando la esencia mustia y ese clasisismo cadavérico que le da a estas interpretaciones un carácter divino-profano, esperanzador.
Todo el disco arropado en la producción sin fisuras de Flood, mítico ingeniero de grabación de New Order, Psychic TV, Depeche Mode, Nick Cave y The Charlatans UK.
'Rosa de Victoria'.




HIGH PLACES
High Places
thrill jockey, 2008.

La Brooklyn que no para, otra vez la maquinaria deslavada, el juego experimental a hurtadillas y el error en el arte que se retuerce placentero.
Lo de ahora, High Places, dúo primitivista que utilizando los mismos elementos distorsionantes de Animal Collective y Black Dice, despierta otra sensibilidad, algo más cercano a lo infantil, cortar y pegar en forma aleatoria, la intuición y ninguna nota clara.
Mary Pearson y Rob Barber en este su disco debút no dejan tiempo al desgano, todo se conduce como en un sueño, agrietado, entrecortado, deconstrucción en los cimientos y un paladar azucarado para manifestar dulzura a pesar de los tormentos constantes, a pesar del baile que se podría dar en cualquier momento, justo por esos ritmos y el aparataje que todo el rato nos introduce en una selva colonizada por robots con falla de sistema.
Partimos con "The Storm" el ambiente japonés y los pajarillos que silban junto a la voz dulce de Mary, lo de ella recuerda un poco a algunas cantantes inglesas de los 90's, y si Laika murió en buena lid, creo que "You In Forty Years" podría servirnos de buen luto, el reloj avanza y las planicies marcianas se suceden, el viaje se hace presente en "The Tree With The Lights In It", locura y delicadeza unidas en urbanidad gris.
Y así se va desgranando el extravío de estos dos niños que no paran de moverse espasmódicamente por los pasajes insanos y descontrolados de un disco ultra alentador, necesario por su comisura agridulce, podría tratarse incluso de pop, como unos New Order del año 2079, en esa.
Ahora sí entiendo al sol prismático de la portada.




SUISHOU NO FUNE
Prayer For Chibi
holy mountain, 2008.

Luces en la noche ópaca del Japón, el brillo de un sonido que se pierde en la inmensidad del silencio.
El trío nipón Suishou No Fune, devuelve el mensaje paranormal que construyeron a ciegas algunas agrupaciones olvidadas como Main y Flying Saucer Attack y vaya que lo contorsionan para mal, para que todo conduzca hacia una debacle penosa y cubierta por una bruma tan espesa que no permite ver ningún camino.
Aquí todo oscila entre lo apartado y lo desencajante, grandes extensiones de terreno sin ver o sentir nada humano o terrenal, aislacionismo extremo desprendido por una guitarra que se mueve hiriente y sin ningún control, mientras el bajo reposa repititivo y la batería carece de expresión, en la curva aparece la voz primitiva de Pirako Kurenai, la chica fantasma que se apodera de lo poco que queda en este retazo de ruido diseminado, en este viento blanco que no cesa.
Todo convertido en espesura, letanías que sobrepasan casi siempre los diez minutos, la lluvia que cae presurosa arrazando la aldea una y otra vez, ya no sé en que momento se perdió el maldito baterista, pero todo se convierte en una caída libre por abismos mortuorios, Kageo rompe a guitarrazos la tenue oración para Chibi, descifro el japonés y cae nuevamente el manto sagrado de ruido profundo, ya no me paro más.
Drone Machine sin conseción ni misericordia, Japón otra vez.


*
ahora nos pondremos más serios con la visita de nuestro querido amigo y colaborador, el tercer esquimal; Patricio Badaracco, quien nos trae lo que sigue:



FENNESZ
Black Sea

Touch, 2008

Cuatro años se ha tomado el austríaco Christian Fennesz para dar vida a la continuación de su último trabajo en solitario. Cuatro años se ha tardado en presentarse ante nosotros con estas ocho piezas bajo el brazo. Cuatro largos años de espera –aliviados con el excelente "Cendre" (Touch, 2007), a dúo con Ryuichi Sakamoto, mas algunos singles como el 7" "On A Desolatre Shore A Shadow Passes By" (2007) para la serie Touch Sevens de Touch– que no han hecho mas acrecentar el interés y las expectativas frente a lo que pudiere ofrecer. Las opciones eran o volver a la magia pop de "Endless Summer" (Mego, 2001), o continuar reforzando lo logrado en "Venice" (Touch, 2004), o transitar nuevas vías de exploración. De entre las tres ha optado por lo segundo, lo que no significa en lo absoluto irse por el camino fácil. Simplemente ha escogido forjarse un sonido propio, una marca particular y personal. Mientras otros disparan para todos lados, tratando de acertar en el blanco, él sin embargo sigue empeñado en la búsqueda de esa canción universal. En todos sus trabajos, desde el primerizo y algo disperso "Instrument" (Mego, 1995), hasta sus producciones más recientes, es posible percibir esa búsqueda por los acordes imperecederos, a la vez que una intención de expandir los límites implícitos en ello. No es oculta su fascinación por la música pop, y en cierto sentido su música también lo es –exceptuando sus colaboraciones con grandes de la escena más rupturista–, sobre todo a partir del presente siglo, pero el acercamiento a ella no lo es en el sentido tradicional, sino que desde la experimentación. Es a raíz del choque de ambas visiones donde surgen sus canciones, y literalmente explotan cual big bang, haciendo nacer estrellas de una gran luminosidad.

Para "Black Sea" Fennesz utilizó para la ocasión su laptop, el programa Lloopp, sintetizadores y, principalmente, guitarras, tanto eléctricas como acústicas. Todo, desde la grabación e interpretación hasta la mezcla, corrió a cargo de él –la masterización, tan nítida como siempre, a manos de Denis Blackham–, excepto por dos tracks. Uno de ellos es "The Colour Of Three", una odisea de ocho minutos junto a su compatriota Anthony Pateras, a cargo de un piano preparado, prácticamente inaudible en un comienzo entre las masas de ruido, algo que no se atrevió a hacer, para bien, con Sakamoto. La otra colaboración la efectúa junto al neozelandés Rosy Parlane, y corresponde a una grabación en vivo realizada este año, en París, a la que luego añadiría algunas otras cosas en su estudio. En "Glide", que así se llama, confluyen ambos mundos, que tan distintos no son, en uno solo, deslizándose los sonidos, tal como el título lo indica, uno sobre el otro (muy recomendable es su disco del 2004 "Jessamine", también para Touch). En los restantes tracks hay para regodearse: la elegía de diez minutos de "Black Sea", el tema, con guitarras manipuladas hasta lograr ensordecernos, guitarras acústicas que nos arrullan, grabaciones de gaviotas; la belleza acústica de "Grey Scale", con la fragilidad del nylon de las cuerdas, sutilmente "ensuciada" con glitches varios; de nuevo al ruido del single "Saffron Revolution", más que apropiado epílogo, donde tiene plena justificación hablar de texturas para lograr aproximarse en palabras a lo que se oye: un masaje sónico con capas y más capas que se escuchan y se palpan

Esto es Fennesz ahora, con sus mares negros y sus escalas grises, sus perfumes para el invierno y sus cielos de cristal, sus millones de colores y sus revoluciones de azafrán, envueltos –otra vez– en las impecables fotografías de Jon Wozencroft del Támesis, que lo confirman, aunque esto ya estaba probado, como uno de los grandes compositores de nuestra época.




TAYLOR DEUPREE & KENNETH KIRSCHNER
May

Room40, 2008

"May" es la última de las colaboraciones, a la fecha, entre estos dos músicos de Nueva York, el pianista Kenneth Kirschner y Taylor Deupree. Anteriormente habían publicado dos trabajos, "Post_Piano" (Sub Rosa, 2002) y "Post_Piano 2" (12k, 2005) –más el apéndice "Post_Piano 2 Open Remix Project" (term., 2005)–. Sin embargo, en esta ocasión la diferencia está en que se trata de una grabación en vivo, registrada este año, y que es editado tan solo 5 meses después por el sello australiano Room40.

Enmarcado dentro del OFFF Festival, que tuvo lugar en la ciudad de Lisboa (Portugal), se reunieron nuevamente estos viejos conocidos en una presentación para dar vida a esta nueva pieza, "May 9, 2008". Para la ocasión, la forma en la que enfrentaron la presentación fue la siguiente: un piano de cola, los dos sentados frente a él, Kirschner tocando las teclas y Deupree tocando las cuerdas de su interior, ambos con sus respectivos laptop, intercambiando los sonidos que procesaban y manipulaban en el instante. Acostumbrado el músico electrónico en sus discos a jugar con lo orgánico y lo digital –ejemplos de ello son "Northern" (12k, 2006) y "Every Still Day" (Noble, 2005), este último con los japoneses Eisi–, en esta ocasión, como en sus otros encuentros con el pianista, dicho juego alcanza otros niveles. Respecto a Kirschner, el uso de la electrónica no es algo nuevo en él, ya que desde sus inicios mostró un interés por ella, sola o combinada con su piano, obteniendo con el transcurso del tiempo mejores logros, como lo puede ser "May 3, 1997" (disponible, como la casi totalidad de su obra, en su sitio web). Y en cuanto a su instrumento principal, sigue avanzando, a veces hacia adelante y otras hacia un costado, sobre todo en su labor como compositor, siempre tras la estela del gran Morton Feldman. "May 9, 2008", cuya duración total es de 36 minutos es, en su comienzo, muy suave, se diría que inmóvil, salvo por las teclas que toca Kirschner, mientras de fondo se oyen las cuerdas manipuladas. Así hasta casi los veinte minutos, cuando la composición se torna algo más perturbadora e inquietante, para luego volver al final a la calma inicial. Ésta por cierto que no es música de fondo. Su escucha requiere cierto cuidado. La belleza, o su búsqueda, radica sobre todo en los detalles, que son varios, y en la forma en que progresivamente se van sucediendo, y como encajan dentro de la obra global.



DAVID GRUBBS
An Optimist Notes The Dusk

Drag City, 2008

Cuatro años han pasado ya desde "A Guest At The Riddle", su último álbum para Drag City, álbum que seguía la línea iniciada por "The Ticket" (Drag City, 1998), y que alcanzara la cúspide con "Rickets & Scurvy" (Drag City, 2002), uno de lo mejores trabajos indiscutidos de esa temporada. En todos ellos el enfoque estaba dirigido desde un prisma notoriamente más pop, y en cierto modo separado, no de un modo radical, de sus discos instrumentales y más experimentales, que por lo regular publica a través de su sello Blue Chopsticks. En un punto equidistante entre lo primero –"Holy Fool Music"– y lo segundo –"The Not-So-Distant"– se ubica esta nueva producción.

Como es tradición, el rol principal lo protagoniza su guitarra, con su modo ya característico y único que tiene de tocarla, complejo, con muchas notas sonando a la vez, pero al mismo tiempo muy nítido. Por otro lado, su voz, sin duda una de las más distintivas, junto a la de Sam Prekop, sigue siendo la misma de siempre, que conserva de su época en Gastr Del Sol, a medio camino entre el canto y el spoken word. Eso hace que a primera oída se oiga fría y distante, pero es precisamente es frialdad y distancia la que la hacen tan cautivante y atractiva –recuerdo haber leído a alguien que señalaba a Grubbs como la versión masculina de Nico–. En cuanto a sus acompañantes, en esta ocasión están a su lado los músicos Michael Evans (batería) y Natan Wooley (trompeta en dos cortes, al estilo que lo hizo Rob Mazurek con casi toda la escena post de Chicago, incluido Gastr Del Sol). El comienzo, "Gethsemani Night", es suave y relajado, con pequeñas intervenciones de Wooley, y hace referencia a Thomas Merton, un eremita que vivía en la Abadía de Gethsemani, en su Kentucky natal. Le sigue "An Optimist Declines", uno de los varios puntos altos de un disco sin puntos bajos. De fondo, la batería de Evans, muy free jazz. En la superficie, la voz y la guitarra en perfecta armonía, más puntuales aportes de sintetizador. El modo en que la primera sigue la armonía marcada por la segunda es especialmente bello –este mismo juego se repite en casi todos los temas–. De ahí en adelante, temas más explosivos ("Holy Fool Music") y otros más calmos ("Storm Sequence", "Eyeglasses Of Kentucky"), hasta llegar a "The Not-So-Distant", un instrumental ambient de once minutos, con sus dos cómplices, y con Grubbs a cargo de un sintetizador análogo, en una pieza sorprendentemente oscura y que rompe con el clima apacible y optimista general.

"An Optimist Notes The Dusk" es un trabajo, cuya duración es relativamente corta, llega de manera inesperada, cuando nadie pensaba en su regreso. Pero, sin embargo es un regreso absolutamente esencial de un músico clave de los últimos quince años, que sin hacer mucho ruido, ha producido, solo o acompañado, algunas de las mejores obras que transitan entre la ortodoxia y la vanguardia.




Escúchanos mañana jueves 18, desde las 21 hrs. por Radio Placeres, 87.7 fm.
y on-line por donde tú ya sabes.


Y el Rockódromo?


Ya Chau.









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