noviembre 28, 2011

El Sueño del Esquimal #340, jueves 1 de Diciembre.





Universal, sencillamente Björk...







BJÖRK
Biophilia

one little indian, 2011

Björk Guðmundsdóttir, esa tímida muchacha islandesa otrora vocalista de los insignes The Sugarcubes en los 80s', se ha convertido en una verdadera estrella dentro del universo rockero mundial, de esto no hay duda alguna, su octava placa (contando el soundtrack "Selmasongs" de 2000) "Biophilia" debe ser el disco más esperado del año que ya finaliza, y por lejos.
Desde el momento en que aparecieron las primeras noticias de este álbum y además plataforma multimedia de aplicaciones varias, las antenas de miles de seguidores se encendieron alrededor del planeta, y no era para menos, Björk es mucho más que una simple luminaria pop, su voz y su música siempre están sujetas a la intervención experimentalista, a esa personalidad inquieta que busca constantemente romper o ensanchar los contornos de lo que comúnmente escuchamos, asunto que quedó en entredicho hace 4 años con el poco inspirado "Volta" (2007), pero la de Reykjavik nuevamente sacude su manto mágico para entregarnos un disco conceptual sobre la vida, la fenómenos naturales y el movimiento vital de la tierra, obviamente con todos nosotros adentro, "Biophilia" es un trabajo bellísimo, alto y de una intensidad intimista que se expande e indaga entre sonidos, atmósferas y sensaciones para llevarnos hasta un paisaje nuevo, puede que sea el entusiamo de los primeros encuentros pero me parece incluso más ambicioso que los tratados vocales de "Medúlla" (2004), casi tocando el crital congelado de esa leyenda sonora llamada "Vespertine" (2001). Valía la pena la espera y también la esperanza.

"Un órgano tubular chapado a la antigua que se hace controlar digitalmente, un arpa en forma de péndulo gigante, una bobina de Tesla conectada a un sintetizador y algún que otro artilugio semi-analógico más, construido por encargo, que aprovecha las fuerzas de la naturaleza para crear música. Una serie de aplicaciones multimedia que la combina con efectos visuales y una interfaz interactiva.", como bien dice Joaquín Saavedra desde Cucharasónica sobre algunos de los elementos y aparatos que Björk utiliza en este estupendo trabajo, además de los colaboradores participantes que van desde El Guincho hasta Zeena Parkins, pasando por Leila Arab, Damian Taylor, Mark Bell, Matthew Herbert y por supuesto que no podía fallar un magnífico 'coro islandés' con esas múltiples voces que le otorgan la esencia primaria a esta producción soportada en la tecnología visceral y el susurro humano, ahora sí en alianza perfecta, muestra de este entendimiento es la preciosa "Cosmogony" con esa voz de Björk tan especial que nos eleva en su esfera celeste, dan ganas de llorar, dan ganas de quedarse en este refugio por mucho tiempo.
Es extraño luego de tanta expectación y revuelo, pero al entrar en las 10 canciones que forman "Biophilia" no vemos rutas convencionales, ninguno de estos trazos podrían convertirse en un 'hit radial' o algo parecido, más bien se trata de un álbum examinador sobre los estados del hombre y la tierra, es aquí donde funciona como un real tesoro para los oídos y para el ánimo general, refrescando desde el interior con la cercanía de "Moon" o desde lo externo como en "Crystalline" con una ritmica fragmentada que sacudirá cualquier señal de indiferencia, diseños electrónicos que llevan a la conexión con la audiencia, podemos entender y sentir cada zumbido, cada alarido de la islandesa, cada fotografía de la galaxia atrapada por este telescopio que gira en la atracción constante, no sabemos si Björk quizo explicar el ritmo de la existencia y su movimiento contradictorio en este trabajo, pero nos queda claro que ha logrado plasmar ese cordón fractal entre el universo, el planeta y lo que somos todos a fin de cuentas, vida, espamos, creación, intuición, en temas como "Virus", "Sacrifice" y sobre todo "Mutual Core" se mueve ese registro atemporal, tecnológico, magistral. Huellas que finalizan con la fragilidad de "Solstice", el péndulo y la oscilación, una voz que prevalece en la orilla, Björk otra vez sujeta el reloj para que podamos contemplar el paisaje, biología y unión. Genialidad.

A esperar su presentación en Chile para Lollapalooza 2012 (31 de marzo y 1 de abril) de seguro será un jardín, anótense sin pensarlo demasiado.

Nebula.

Raúl Cabrera H.













Parece que fuera una eternidad, parece que fue ayer. “Dear Companion” (Drag City, 2007) a veces está muy lejos, son cuatro años largos, pero su recuerdo está tan presente que las distancias se hacen relativamente cortas. Fue ese un disco que parecía una aventura pasajera al margen de los intensos y oscuros Espers, un trayecto en solitario que recogía versiones ajenas y del cancionero tradicional, apenas tan solo dos composiciones. Ahora revierte eso y la tenemos con un álbum que es muy suyo, en su casi totalidad obra de la buena de Meg. Su primer disco nos dejo a muchos encantados con esa sencillez y esa naturalidad nada impostada, un muestrario de canciones frágiles, cálidas, mucho más volátil de lo que la banda madre es, folk de ensueño y magia blanca. Y la esperanza de una continuidad al fin deja de serlo para convertirse en alegre realidad.
“Las palabras que salen primero son los mejores para ofrecer”. Un total de diez canciones son las que encierra “Seasons On Earth”, otra vez con el folk natural como guía por donde fluir las palabras, textos que en la boca de Meg saben muy dulce, cualquier cosa que ella te diga. Grabado por Brian McTear, también involucrado en el muy reciente “Marissa Nadler” (Box Of Cedar, 2011), estas temporadas en la tierra recogen sonidos muy terrenales y arraigadas: folk, como dije, pero también country con nada de percusión, solo guitarras, acústicas y pedal steel. Un disco de género que no es una repetición sino una continuación de una tradición muy firme en la América Primitiva. “Sé que hay artistas que suenan como si vinieran de otro planeta, pero no creo ser capaz de encajar en esa tradición”. Sabiendo cuales son sus límites, y de adonde viene, Meg pretende reavivar la llama de la canción hecha a partir de unos esquemas fijados hace mucho tiempo, sin por ello dejar de sonar moderna, gracias a una sonoridad que busca generar diferencias que no son fáciles de percibir, y que ayudan a generar cierta intriga. “Con este disco hice un trato de preocuparme de ser borrosa y más suave. Si te tomas el tiempo de hacer ese ablandamiento, mi esperanza es que el material pesado pueda parecer aún con más peso. Tal vez sólo sientes el impacto dos segundos más tarde, pero más difícil. Y entonces puedes comenzar a pensar hacia adelante y hacia atrás a través de la narrativa. Una especie de versión emocional del delay”. “Babyon, vuelve a casa conmigo / No caigas en torno al dolor que bien conoces”, esas son las frases con las que comienza “Seasons On Earth”, las de “Babyon”, dulce melodía agreste por la que se da inicio a este puñado de temas curtidos entre cuerdas de nylon e historias rurales al borde de la ciudad. Más tierna si se puede es “Stars Climb Up The Vine”: un tejido de guitarras, una de ellas incluso algo disonante en la frontera de la luz de un amor de viñedos tan borrosa como pretendía (“Podríamos ir de la mano/ Y encontrar el oscuro techo/ sala/ Y encontrar la oscuridad/ Y también la luz/ Observar las estrellas a medida que sube la vid/ Ellos suben la vid/ Yo sé que soy raro/ Pero podríamos ir de la mano/ Lejos de esta tierra que suena/ Observar las estrellas a medida que sube la vid/ Suben la vid”). “Share” es otra maravilla con esa voz que se multiplica, con esos ecos mecidos por el viento, con “tu blues futuro, ah tus floraciones del futuro”, certeza e incertidumbres de lugares profanados (“Tu luz, no pudimos hacer las cosas bien/ Acabamos de escuchar el mundo/ Si todos los tontos con hambre crecieron sabios en las Tierras Ásperas/ Entonces, ¿dónde habría que ir?/ Para encontrar una forma totalmente nueva de nuevo/ Para navegar por encima de los grises y su influencia inmutable de todos sus hermanos sucios/ ¿Y tus lágrimas te hacen santo?”). “Even Rain”, “golpeada por la lluvia y el sol”, da paso a una versión de Mark-Almond, y de ahí a una de The House Of Love. De vuelta a la autoría, “The Land Turned Over”, la más solitaria de todas, musical como líricamente, aunque se muestre amable al final (“Hacia la gran división que dormía dentro/ La casa de tus padres, ‘fantasmas azules a su alrededor’/ ¿Pero estabas solo?/ Así que aprendiste ese secreto también/ Lo has aprendido mucho antes que yo/ La tierra volvió y dio sus joyas para que/ Robaras esta noche de mi sueño/ Y voy a estar en este arroyo que fluye/ Durante diez gotas más de la quietud te diría nada”). “Stream” es lo más próximo a Espers, las más libre de todas y la más áspera, como en esa renovación que hace unos años solo paso por la superficie pero que siempre ha estado, anticipo de la bella en forma y fondo “Song For Next Summer”, canción que cualquiera quisiera que anticipara su verano.

“Seasons On Earth”, las segundas nuevas piezas de Meg Baird. Su cantar dulce y la fuerza curativa de voz. Sus quejidos borrosos y su sonido tenue. Sus memorias de amores mansos que son una entrega infinita a la conquista de lo cercano y lo humano. “Los días se pierden, pero el sonido se queda atascado aquí. Las notas que dejamos, eran lo suficientemente brillante. Las palabras que salen primero son los mejores para ofrecer”.

Hawái.













ALVA NOTO
Univrs

raster-noton, 2011

Carsten Nicolai, sigue progresando en su discografía con un nuevo album conceptual que sirve de continuación a "Unitxt". Aquí viene la explicación:

"Whereas the focus of unitxt was on the processing of rhythmic patterns ('unit' = unit of measurement, element) and information ('txt' = data, language), with univrs the focus is on the conceptual differentiation of a universal language ('universum/universal' = unity, entirety").

Una vez aclarado el asunto que tenemos entre manos, si que se puede apreciar este disco como un conjunto mucho más homogéneo y donde la música está mejor representada por un espíritu compositivo más cercano a lo tradicional, que no al incesante y azaroso procesamiento de "Unitxt". Nicolai en este disco, se acerca al ritmo y al techno de una manera más relajada y cercana al trabajo de su compañero espiritual Byetone, jugando menos con experimentación abstracta y trasladándolo a un estado mucho más sensorial que conceptual. Hay pequeños experimentos donde da rienda suelta a su vena más cercana al ruido, pero el techno asfixiado de "Uni Dia", la psicodelia paisajista en "Uni Rec", el trance por el que se pasa en "Uni Iso" o el ácido envuelto en lava de "Uni Syc", dejan clara muestra de una mayor conciliación con lo tradicional en los últimos tiempos dentro del catálogo Raster-Noton. Discos que acercan su universo a un espectro de público más amplio y que tal vez no satisface del mismo modo a los seguidores de la experimentación petrificada de la primera etapa. Pero en el fondo, estamos pasando por alto que disco tras disco y proyecto tras proyecto, Raster-Noton y Carsten Nicolai forman parte de la cultura popular underground y son estos discos los que precisamente ayudan a captar nuevos adeptos a la causa y abrir la mano en determinados momentos es necesario. Hay que saber cuando cambiar el ritmo, y ahora vamos a ritmo. Placer siempre.

desde
Coreagrafo del Cerro.













Estar expuestos al magnético pulso de Xeno And Oaklander es entrar en un universo complejo donde la incertidumbre existencial y el romance abundan, frenéticos corren a través de electrónica atemporal y electricidad que con vigor estalla en una cromática programación de beats que se saborean tanto minimal en su producción, como barrocos en su efecto.

El dúo de Brooklyn realiza música desde el 2004, Sean McBride (Xeno) y la soprano franco-noruega Liz Wendelbo (Oaklander) fundan su experiencia synth pop como un organismo de belleza insuperable que deja de lado el concepto estándar de como se percibe la música electrónica (gélida, estructurada, calculadora) para abrazar de inmediato la ruptura, la asímetría y dualidades como lo expansivo y la restricción en un mismo track. Finamente construyen lo que para los sentidos serían elegantes siluetas efímeras que armónicamente pueden convivir en un croon desolado o en texturas en layers interminables.

Xeno And Oaklander están a unas semanas de ver el nacimiento del sucesor de "Sentinelle" (salió el 11 de Octubre); el nuevo LP publicado en Wierd Records lleva por nombre "Sets & Lights", que descrito por los músicos, encuentra su fuente de poder en su instrumentación electrónica, en la exuberancia de sus sintetizadores, su contínua evocación a lugares sombríos y a su latido robótico que bien va de la mano con una orquestación bailable que a momentos fantasea con el industrial pop.

Hace poco nos entregaron el primer corte, "The Staircase" que fué acompañado por un video dirigido por Taryn Waldman (Boxmotion) en el que se mostraba al dúo en una claustrofóbica reimaginación del filme de 1965 de Roman Polanski, Repulsión, mismo en el que una Catherine Deneuve deliraba en su papel de Carol Ledoux frente a fantasmas del pasado, fijaciónes, obsesiones y un terrible instinto asesino. "The Staircase" se aproxima a esta estética noir y la explora desde su sonido análogo enriquecido por el amplio movimiento minimal underground en Brooklyn.

Ahora nos presentan "Sets & Lights", la pista que abre el full-length homónimo y que se instala como un burner cold wave de alta manufactura que trae a la mente indudablemente la escuela de finales de los setenta, las óperas rock vertidas en los grandes discos siniestros de culto y un mundo descrito así como un sitio donde la vida y el performances han perdido su línea divisoria y todo es indestinguible.

por Miguel Angel Correa
desde felinno.blogspot.com












BVDUB & IAN HAGWOOD
The Truth Hurts

nomadic kids republic, 2011

Alguien decía que la vida es un gas. También decían que es dulce traspasarla. Viendo este trabajo, parece que lo primero fuera cierto, pus nos topamos con sonidos que son nebulosas, zonas de luz en la oscuridad con ruidos que son puro helio. Sobre lo segundo, parece que no tanto, eso al menos de parte de uno de los involucrados. A Bvdub o conocimos este año gracias a “Tribes At The Temple Of Silence” (Home Normal, 2011), un disco gélido y melancólico, disco que guarda mucha relación con este. Nomadic Kids Republic es una pequeña plataforma al amparo de Home Normal, precisamente quien editó ese álbum, cuya sede se encuentra en Japón, y esta es la referencia número 1, la elegida para estrenar su catálogo. Y el director de ambos sellos es Ian Hagwood, la otra mitad de este enorme trabajo, tanto en resultados como en distancias.

Los títulos que Brock Van Wey escoge normalmente miran el lado triste de la vida (El arte de morir solo, Canciones para un amigo que dejé atrás), casi resignado, y está no es la excepción, lo que no quita que lo que diga no sea la mayor de las veces cierto. De un tono apesadumbrado, “The Truth Hurts”, sin embargo, desprende un halo lumínico, a pesar de que Brock parece que no lo pase muy bien. Grabado entre el Reino Unido y Japón, lugares entre los que reside Ian Hagwood, y China, el gigante país donde vive Bvdub, y contiene grabaciones desde 1999 hasta hoy, un largo trayecto de sonidos que dan vida a un inmenso soundscaping: un vasto paisaje sonoro para escapar y encontrar la soledad de la vida, refugiarse y renunciar. Mike (Smallfish) los presentó, pensando que eran almas gemelas, y luego de esa presentación surge una amistad que da frutos ahora. Field recordings, live recordings, drones, un bocado de ruidos helados en cuatro porciones de prolongada duración. Entre cantos de sirenas perturbadas, “Nothing You Want Will Ever Come True” detiene el tiempo, baja la temperatura y da inicio a una fase climática polar a la vez que soleada. Nada de lo que quieres se hará realidad, pero por lo menos se puede uno conformar con que el futuro puede ser un poco más agradable. Es poco, pero basta. Las voces femeninas que suenan como si hubiesen sido grabadas a metros de distancia hacen que el mar sonoro sea de todo confortable, lo que es aún más claro, diría que de una luz casi prístina en “Beauty Is In The Eye Of The Pretender”, el track dos y en el que las capas extraídas de una cámara submarina se ahogan al salir a la superficie, por entre ecos de esa preciosas voces ininteligibles, por entre esas arpegios de guitarra acústica que tibiamente aparecen. “Lie In Lone” arranca como una pieza de folk la mar se sencillo, ahora con voces masculinas, que paso a paso, en sus veinticuatro minutos da paso a una masa de ambient incorpóreo, áspero, rugosa como el polvo que se encuentra en la nebulosa, alcanzando niveles ensordecedores, insondablemente hermosos. “Your Grand Finale (A Theater Of One)”, de una duración similar a la anterior retoma esa hondura y es en esa inmensidad en la que se perciben rastros de pop de ensueño, coros celestiales filtrados por la mano del hombre, cantos entrecortados, brumas aclimatadas al frío.

La verdad duele, pero el dolor puede ser algo muy adictivo. “The Truth Hurts” lo es. Normalmente a los discos demasiado largos no le solemos dar demasiadas escuchas, caso muy contrario a este. Sus más de setenta minutos no parecen nada ¿Y qué es una hora en nuestras vidas? Pues nada. Perdemos mucho tiempo sin que nos lleve a nada, y si podemos hacerlo de esta manera, y varias veces, podemos llegar a un lugar muy cercano. Podemos dejarnos abatir en él, en su enorme nebulosa brillante.

Hawái.













En una época en la que los sonidos germanófilos no estaban a la orden del día, Richard Fearless y Tim Holmes lanzaron "Satan’s Circus" (2004), un álbum en el que homenajeaban los ritmos metronómicos y las melodías kraut, justo cuando Kraftwerk volvían a la actividad. Y todo esto sucedió hace ya siete años, un considerable periodo de tiempo en el que ha habido que esperar para que el dúo diera señales de vida. Curiosamente, aquellos sonidos están actualmente más en el punto de mira, pero cualquiera que conozca bien la trayectoria de Death In Vegas, sabrá de sobra que siempre hay algo nuevo que esperar con cada LP. No encontraremos entonces en ‘Trans-Love Energies’, el nuevo largo del proyecto de Fearless (ya sin Holmes), intención alguna de oportunismo. Tras tantos años de carrera, lo que se lleve o no se lleve seguramente les traiga sin cuidado, y estas diez nuevas canciones son una clara muestra de ello.

En anteriores entregas se rodearon de grandes voces como las de Hope Sandoval, Paul Weller o Liam Gallagher, pero para acometer esta nueva tarea, ha bastado la de Fearless y la colaboración de la canadiense Katie Stelmanis, del grupo Austra y también colaboradora de Owen Pallett. El resultado es un viaje en el que mezclan elementos de su anterior grabación y de "Scorpio Rising" (2002), además de alguna novedad. El recorrido de ‘Trans-Love Energies’ comienza con "Silver Time Machine", una intro calmada, ambiental, con una voz casi musitada, que hacia su fin se crece y se funde con "Black Hole", una de las mejores pistas del disco, un monolito rítmico de guitarras shoegaze que fluye y fluye hasta elevarte. Otro gran tema llega a continuación: "Your Loft My Acid", siete minutazos y medio de tecno pop espacial, donde la voz de Stelmanis lleva la canción directamente a la pista de baile, con un señor estribillo que seguramente rondará por la cabeza de muchos de ahora en adelante.

El viaje toma un ligero giro hacia una electrónica más oscura y contenida en "Medication" y "Coum". Con "Witch Dance", en la que vuelve la voz de Katie, permanece la oscuridad, recordando bastante la composición a lo que puede hacer Karin Dreijer con Fever Ray, algo que también sucede en ‘Scissors’, el siguiente corte, cargado de misterio y sensualidad. La última parte del disco, formada por "Drone Reich", "Lightning Bolt" y "Savage Love", podría ser catalogada de trilogía, pues pasa del ambient al shoegaze pasito a pasito, con destellos de fuerza que dan paso a la calma para acabar de nuevo enérgicamente. Sin descubrir demasiado territorio desconocido, Death In Vegas ofrece algo que por un lado está a la altura de anteriores producciones, y por otro insufla vida a un proyecto cuya presencia se echaba de menos. Ahora a por la gira.

por quietmansmiling
desde jenesaispop.com








Sintoniza El Sueño del Esquimal, jueves 1 de Diciembre a las 21:00 hrs por Radio Placeres 87.7 fm desde Valparaíso, online además por aquí...






noviembre 14, 2011

El Sueño del Esquimal #339, jueves 24 de Noviembre





Vientos que sacuden los sueños polares, el verdor resplandece en la visión matutina, transportando al viajero de la nave ruidista hacia nuevos puertos, tiene que haber otros mundos, otras islas...







HIGH PLACES
Original Colours

thrill jockey, 2011

Hace varias semanas que vengo dando vueltas a "Original Colours", la nueva placa de High Places, entro en ella, salgo, me olvido o desaparezco, lo único claro es que cada vez que la tomo me lleva hasta un espacio distinto, como una vedadera rueda caleidoscópica o caja de pandora arcana y encantadora que no logro descifrar de manera práctica, pero que reconozco ha absorbido mi atención en un vuelo sugestivo del que no me apetece salir, al menos por ahora.

Los High Places son de esas bandas difíciles de olvidar, una pareja hiperactiva y amante de la vida en el más amplio sentido de la frase, no por eso diremos que Rob Barber y Mary Pearson no se cuestionan el asunto, yo creo que al contrario, en ese ir y venir desde Nueva York a Los Angeles han tomado una gran cantidad de influencias, ya no puramente musicales, en su sonido actual se cuelan imagenes, destellos, naturaleza y urbanidad. Todo soportado en esta esfera clarividente y maquinal, puede que "Original Colours" sea su disco más rítmico, pero a la vez es el más intuitivo, abstracto, rico en texturas y melodías celestes. La voz de Mary es sencillamente mágica, como en "The Pull" donde domina un ambiente nuboso muy bien creado por Rob Barber y su aparataje minimalista, sensibilidad refinada que envuelve hasta hacernos flotar en "Morning Ritual", zumbidos y ritmos quebradizos de "Banksia", puede que lleven algo del vuelo estelar de Laika, Pram o los Stereolab de 1997 paseando por Düsseldorf para "Dots & Loops", pero en su totalidad High Places va mucho más allá de cualquier referencia, cuentan con un carácter especial que descanza en la fragilidad, en esos espacios dulcemente adictivos, susurros que transportan hacia un paraje ancestral, translúcido y original como pocos.

Hasta cierto punto podemos considerar a "Original Colours" como una bitácora de sonidos y fotografías imaginarias, tomadas durante la gira mundial que hicieron tras la publicación de "High Places vs Mankind" (thrill jockey, 2010), que incluso los trajo a Chile en una presentación que según cuentan los asistentes fue una real experiencia para los sentidos, sin esperar mucho se han lanzado nuevamente al viaje, aunque creemos que ellos siempre están suspendidos en un vuelo que abarca toda su discografía, como lo confirma la etérea "Twenty-Seven" una gema que activa ese culto casi perdido de los primeros His Name Is Alive de 4AD, para el final nos dejan una canción que simplifica de manera magistral lo que es este álbum, "Altos Lugares" y claro que los hemos sentido, será un jardín.
Agradezcamos!

Raúl Cabrera H.












PRURIENT
Bermuda Drain

hydra head, 2011

Guantazo sin miedo al sector más intransigente y cerrado de la escena noise, “Bermuda Drain” es un apabullante ejemplo de atrevimiento y personalidad en el contexto de un microclima lastrado históricamente por su inmovilismo y su malentendida radicalidad. Dominick Fernow apenas necesita demostrar a estas alturas del partido su capacidad para intimidar al público con arrebatos de ruido furioso y feedback maléfico, quedó claro en algunos de sus artefactos pretéritos, como aquella lobotomía sonora llamada “Black Vase” (load, 2005). No le debe explicaciones a nadie, y es por ello que su nuevo álbum rápidamente, a los dos minutos de andadura, ya se presenta como un fascinante cambio de tercio y registro dentro de su propia trayectoria, una excelsa vía de redefinición estilística y expresiva que, a su vez, no traiciona ni contradice el espíritu fundacional del proyecto Prurient, ese cabreo contra el mundo que siempre ha caracterizado sus grabaciones.

Cansado quizás de organizar orgías sangrientas de noise ultraviolento en sus lanzamientos y repetir hasta la saciedad el mismo patrón creativo, o quién sabe si extra influido y extra motivado por su actividad junto a Cold Cave a lo largo de estos últimos años, Fernow ha decidido apostarlo todo a su faceta más electrónica para perfilar su esperado regreso. Eso se traduce en un impactante e imponente ejercicio de reformulación musical en que los chorros de feedback cortante y estridente y los berreos histéricos, santo y seña de su propuesta, dejan paso a contundentes beats, melodías oscuras y tristes, estructuras de canción más ortodoxas, detalles de producción limpia y madura, mayor dosificación de la herramienta vocal e incluso paisajes ambient inauditos hasta la fecha en la discografía de su proyecto madre. “Bermuda Drain” es algo parecido a una versión fúnebre, anticlimática, deprimente, rabiosa y devastada de los mejores Cold Cave, una pesadilla urbana sin estribillos ni crescendos, melódica pero dolorosa, mezcla impensada e inimaginable de EBM, ambient, pop, noise y poso industrial.

Le lloverán menosprecios y varapalos de sus fans más ortodoxos, algunos le acusarán de haberse vendido y probablemente muchos compañeros de escena se miren este disco como una maniobra para abrir su música a un nuevo público fuera de los márgenes de la esfera noise, pero mientras todos ellos pierden tiempo y esfuerzos meditando alrededor de aspectos tangenciales, lo importante es que “Bermuda Drain” cobra vida –y no deja de crecer escucha tras escucha– como uno de los discos más rotundos y valientes de la temporada, extraordinario paso adelante en la trayectoria creativa de Fernow y ambicioso punto y aparte en la vida de Prurient.

por David Broc
desde playgroundmag












WHITE LIES
Ritual

fiction, 2011

Resulta difícil determinar, dada la juventud de los White Lies, la procedencia de los ecos que reciclan y prolongan, saber si es una actualización de la primera generación del post-punk y la Nueva Ola o de alguna de sus posteriores réplicas. El trío británico ha emulado a Joy Division al posar para la cámara en un túnel del Metro, pero su raíz podría estar, por no ir tan lejos y evitar trasbordos, en los Editors, que les pilla ahí al lado. Mientras los Wire programan en su nuevo y flamante disco una asombrosa y veraz recreación de una era que protagonizaron y definieron, los White Lies trazan la enésima ruta a un pasado ya virtual, fantaseado y contrahecho por quienes contraponen simples y discutibles recuerdos, quizá de segunda o tercera mano, a documentos tan solventes y contrastados como los que todavía maneja la banda de Colin Newman.

El uso y abuso de los materiales que manejan los White Lies deriva, a la larga -como sucede con su "Ritual"- en un proceso de fotocopiado que de forma paulatina deteriora y desdibuja las señales originales, leídas a distancia y a partir de facsímiles muy desvirtuados. La revisión de la época de los Wire a partir de elementos degenerados e impuros, sintonizados con interferencias que los malogran y a la vez enriquecen, permite a los White Lies estrenar en 2011 canciones que ya existían en la memoria del público. Lo de los Wire, en cambio, y de forma paradójica, resulta cada vez más sorprendente. Cosas de la edad.

por Jesús Lillo
desde abc.es












NEPTUNE
Silent Partner
northern spy, 2011

Es muy fácil admirar a los forajidos, solo piensen en esos carismáticos delincuentes y rebeldes que tanto los hacen sonreir. En la música del siglo XX, los marginados musicales eran tan vitoreados como Billy The Kid o Bonnie y Clyde, mientras producían a su placer sonidos que pocos entendieron en su época pero que hicieron que tu rockero favorito se aproximara lo suyo de manera que probablemente no pensó podía ser posible. Piensen en Harry Partch y sus instrumentos reparados del basurero, Captain Beefheart y su negación a caminar en tiempos cuadrados, Smegma y su celebración lubricada de todos los errores técnicos de las grandes bandas del rock. Todos merecedores de monumentos y días en los que dejen salir a los niños temprano de sus clases.

En otras épocas, Neptune probablemente hubiera sido una gran banda de culto.

Debo aclarar que lo son, son una banda de culto, pero no como pudieron haber sido en otra época: considerados vanguardistas, adelantados a su época y poco apreciados por lo difícil que es conectar a sus sonidos. Estamos en el 2011 y Neptune son simplemente unos artistas que suenan amenazadores y recuerdas de su existencia cada vez que sacan un disco; eso es lo que son para los pocos que, aparentemente somos fans. Su nivel de popularidad no tiene que ver con su sonido; son innovadores, tomando el ejemplo de Partch para construir instrumentos y hacer sonidos delirantes pero, a diferencia de la mayoría de la gente que construye sus armas de ruidero, Neptune no se la pasan conjurando paisajes sonoros de una mañana dominguera en el séptimo círculo de infierno adventista. Su manera de aproximar las cosas es más parecido a This Heat o a Einstürzende Neubauten, si Blixa y la banda se dedicaran más al rock que a huir de él.

A diferencia de álbumes anteriores como "Gong Lake", "Silent Partner" es más texturoso, extendiendo sus capas por ocho minutos en promedio, construidas de repeticiones, haciendo paredes donde pasar los dedos varias veces logra que sangren y se hagan cicatrices mientras un baile aletargado se hace en tus pies. El álbum tiene varios sellos de este tipo de música, como se escucha en la voz medio recitando/medio cantando y la percusión que no quiere soltar el poder del rock. No digo que sea el disco del año y dudo que sea el mejor de Neptune, pero "Silent Partner" cristaliza momentos inspirados donde la improvisación y la cacofonía se combinan dentro de tapices sonoros con timbres poco esperados aunque orgánicos. Es decir, la fórmula perfecta de un gran disco de una banda de culto, de las que siempre se aprecia saber que mierda con sus vidas hoy en día. Engendro Prehistórico.

por Marcos Hassan
desde afterpop












Desde el desierto de Mojave vino un músico capaz de atrapar los sonidos del silencio, Harold Budd o 'el pianista que toca bajo el agua' es leyenda viva y que no teme a desaparecer según el mismo lo ha dicho, pero que mientras tanto nos mantiene hipnotizados con sus trabajos ambientales de profunda solemnidad y encantamiento.
Esa misma manera tan especial de entender la creación de sonidos y ambientes lo han llevado a colaborar con músicos destacados como Brian Eno, Cocteau Twins o David Sylvian (sólo por nombrar algunos, quizás los más 'esquimales'), dentro de una trayectoria extensa y brillante, recordemos que en la actualidad Harold Budd cuenta con 75 años, los que no han mermado su búsqueda constante en los anchos caminos de la experimentación sonora.
Se trata de un artista abundante, que sin embargo a cada trabajo le entrega un concepto único, una inspiración intacta que hoy nos presenta "In The Mist" ('En La Niebla'), siempre con esa interpretación tan distintiva que nos cubre en ese halo fascinante, el álbum está conformado por tres fases: 'The Whispers', 'Gunfighters' y 'Shadows' en las que cada pieza se transforma en un viaje hacia esa necesaria calma que ya casi olvidamos, un deslumbrante prado de ecos y timbres salidos desde su piano como una concentración de estrellas que lentamente van extendiendo su movimiento hasta hacernos parte de esta noche paralela, resonancias transparentes, ruidillos casi imperceptibles que se acercan por orden natural, sin casi notarlo ya estamos en medio de la floresta, sumergidos otra vez en esa esencia, la música de Harold Budd se puede ver, oler, sintiendo los latidos en la distancia, figuras que aparecen en la niebla, los sueños.
"In The Mist" es una proeza de arte sonoro, un mensaje de humanidad suspendido fuera de este mundo. Celestial.

Raúl Cabrera H.












GUSGUS
Arabian Horse

kompakt, 2011

En calidad y cantidad de propuestas por número de habitantes, como en otros muchos aspectos socio-políticos, Islandia es un caso aparte en el panorama musical internacional. Allí se toman muy en serio incluso el resultar divertidos. En este deslumbrante listado de artistas, GusGus parecieron siempre los más frívolos y superficiales. La madurez les ha llegado tras una carrera de locuras y, aunque nunca dejaron de ser jovialmente inteligentes, parece que al fin han sentado la cabeza.
Más que una banda, GusGus es un autobús urbano por el que ha pasado medio Reykjavik. Una especie de “servicio militar obligatorio” para todo islandés con inquietudes musicales en electrónica. Pasaron de ser una docena en los años noventa (entre ellos Emiliana Torrini) a quedarse con sólo dos miembros en 2000. La formación ha aglutinado a actores, cineastas y músicos, entendiendo sus directos como una fiesta-espectáculo total.

Productores de hits enérgicos y vigorizantes, siempre han optado por una visión vitalista de ritmos sintéticos destinados a arrasar las pistas de baile. En esta ocasión aparecen más reflexivos y menos optimistas. Tal vez sea aventurado decir que el pesimismo les ha cogido desprevenidos, pero es evidente que no están las cosas en el mundo, y menos en su país en concreto, para pegar botes como si nada grave estuviera pasando. De todas las formas de arrimar el hombro y contribuir a mejorar las cosas, esta es una de las más plausibles: hacer bien lo que sabes hacer bien y no decepcionar en el intento.
"Arabian Horse" es la octava entrega de la banda. Aquí colaboran Högni Egilsson (vocalista en Hjaltalin), con su timbre melodramático a lo Guy Garvey (Elbow). Todo el disco está impregnado de una solemnidad preciosista, densa y oscura, poco frecuente en la volatilidad efervescente de sus anteriores trabajos (menos "Polydistortion" de 1996), sin oposición a que por momentos se te vayan los pies al compás. Con menos electrónica refrescante y más techno geológico, puedes considerar que la ceniza volcánica se les ha colado en los ordenadores.

desde
transistora.com.es











RADIO PEOPLE
Hazel

mexican summer, 2011

El espacio interestelar tiene una nueva banda sonora que lo pule, le da brillo y embellece y con la que uno puede gustosamente atravesarlo en una odisea espacial vintage con destino V509 Cassiopeiae. Sólo hay que subir en una astronave prototípica para incurrir en una experiencia sideral surcando el celeste retrofuturo en su más radiante noche. Allí donde la chatarra espacial que se asola en la inmensidad del vacío deja paso a nómadas volantes entre gammas, nebulosas, supernovas en repliegue implosivo y otros astros depresivos, agotados, en abandono y apagón. Cerca de Alfa Centauri, allí donde todo es luz, se ha visto maniobrar en fosforescencia a un navegante de Ohio. Su nombre, de lumbre descendiente, se ha quedado grabado en la gran bóveda negra del firmamento. Un hito para la edad moderna. Y ha sido éste que pasa un año productivo para Sam Goldberg que, además de salir por la tangente y en órbita alienado con la constelación del Centauro, ha entregado recientemente trabajos para la infinidad de Arbor (Having Had Forgot) bajo su nombre de pila, Centre (Avalon), con este mismo seudónimo, y trabajos paralelos con otros miembros de Emeralds con los que, más allá de los rugidos drónicos de esta banda, colabora. Tal es el caso de Houses, el último trabajo junto a John Elliot en su proyecto binario de nombre Mist. El de Cleveland, además de otros alias como Docile Dawn y su trabajo en Pizza Night, su propio sello, acaba de entregar una obra espléndida en el no menos hiperbólico sello Mexican Summer, que siempre se preocupa en ofrecernos algunas de las mejores apuestas con las que la musicalidad, hoy, nova. Se llama Hazel y sugiere una travesía cósmica arpegiada en goces súbitos y alternos de placer analógico-sintético.

Intermitencias en luminarias señalan las escalas que recorre Goldberg en las nueve canciones que integra éste, su nuevo disco. Indican despegues sin aterrizaje hacia lo alto según un ambiental kosmiche que resplandece entre drones a sintetizador, acordes de guitarras que gravitan perdidos en la inmensidad y que felizmente captura para sus composiciones Sam. Como esos versos que ocasionalmente despide, encontrados más allá de Becrux y Mimosa y a 88º de Juxta Crucem, lejos de otras gigantes naranjas. Los reúne sobre cajas de ritmo de cadencias y efectos calmos que cruzan fugaces lluvias de asteroides en sintonía láser y en una sucesión encadenada de arpegios que esculpen paz e intensa belleza sollozada. Enarbola levadizos, centrifugaciones, inmersiones y pulsos en pirueteadas peripecias epopéyicas que tienen a un proto-kraut como resonancia fondo y que invaden con beldad y hermosura una constante sensación de tibieza, dulce nostalgia y absoluto bienestar. Lo que escuchando procura. De sus episodios a la Namlook en cíclicas gravitaciones y algunas vecindades con Oneohtrix Point Never o los más melancólicos Isan, destacan pasajes de planeación lenta que interludian esas graduaciones de armonías notadas en plácidos impulsos de sonido alboreado. Allí es donde más lucen los mejores momentos de este drama espacial de primigenia electrónica glaciar. Sobre todo en "Playground", "Anthem", "Walls in Motion" o "Patience", pero también en "A Vague Year", "Blind Faith" o "Hazel"; con breves pasarelas galácticas que, junto a ellas, definen las claves de una advenediza épica asteroidal.

por David Cano
desde notodo.com









Sintoniza El Sueño del Esquimal, este jueves 17 a las 21:00 hrs por Radio Placeres 87.7 fm desde Valparaíso, online además por aquí...






noviembre 09, 2011

El Sueño del Esquimal #338, jueves 10 de Noviembre.



Regresa Mazzy Star luego de 10 años de distanciamiento, buscando las últimas canciones que se quedaron tiradas en la intimidad del atardecer, la dulzura y la calma atrapadas en una singular instantánea.








BRAIDS
Native Speaker

flemish eye/kanine, 2011

Recordemos todos con singular alegría y nostalgia aquel "Feels" , el disco de Animal Collective al que más aprecio le tengo. Recordemos que se trataba de un disco en donde el amor pasaba por un filtro de psicodelia y nos enseñaba que no sólo se demostraba con armonías pegajosas y coros al viento.
Teniendo eso en la cabeza, escuchar el debut de Braids es una experiencia casi tan exquisita como revisitar al anterior citado. Se cruzan en muchos momentos y varios pasajes son influencia pura del 'colectivo animal', pero las fibras que "Native Speaker" acaricia son el lado oscuro de "Feels".
Y es que cuando uno termina de recorrer las siete pistas que conforman lo que quizás sea el debut más lindo del año, se siente en el interior esa contracara que a nadie le gusta del amor, la impotencia que deja la resaca de el y lo inocente que nos reflejamos cuando las cosas no marcharon bien. Si en "Feels" todo era una foto de felicidad pura, "Native Speaker" es el rompimiento de su antecesor dentro de un sueño, de esos en donde por más que se quiera, no se puede despertar.
Aquí se refleja un alto grado de inocencia que convierte este experimento en algo más dulce de lo que podría parecer. La voz de Raphaelle Standell-Preston es tierna, pero lleva consigo una cierta cantidad de dolor; a veces explota en un grito y otras tantas se desinfla poco a poco como recitando un poema. En "Glass Deers" se derrama todo lo que funge de base y nos muestra ambas caras, "Lemonade", por otro lado, sirve de prólogo para toda la historia. En momentos como "Native Speaker" o "Lammicken" todo se torna confuso y extrañamente encantador todo para que "Little Hand" sea ese preciso instante en el que despertamos del sueño y nos damos cuenta de que en realidad nunca estuvimos durmiendo.

Al hablar de temas complejos, todo argumento resulta ambigüo e incompetente, sin embargo, todas las replicas que "Native Speaker" guarda en su interior no están tan alejadas de lo que podría considerarse realidad. Un estreno que dice lo que muchos, pero de una manera tan bella como pocos.

por Joan
desde tacondeoro.blogspot.com











GILES COREY
Giles Corey

enemies list home, 2011

En 2008 un dúo llamado Have A Nice Life hicieron temblar los cimientos del mundo de la música con un disco llamado "Deathconsciousness", el cual tardaron cinco años en dar forma y en el que se mezclaban el shoegaze con el drone y el post-punk, todo ello bañado en un sonido lo-fi. Se dijo que publicarían dos discos más durante 2009, pero lo único que llegó fue un recopilatorio llamado "Void". Desde ese momento poco más se volvió a saber de Dan Barrett y Tim Macuga, los dos miembros que daban vida a ese proyecto. Pero amigos, si les dijera que su vocalista publicó hace varios meses su debut en solitario y que ha pasado totalmente inadvertido por todos. ¿Cómo quedarías?
Pues sí, aunque parezca mentira Dan Barrett publicó hace algo más de dos meses un trabajo bajo el seudónimo de Giles Corey, nombre de un granjero que fue torturado hasta la muerte durante dos días en los juicios de brujería de Salem y del que se dice que su fantasma aún aparece en el pueblo cada vez que un desastre ocurre. Así es como el músico estadounidense se presenta, como un ente fantasmagórico que va pidiendo clemencia haya donde va.

Únicamente viendo la impresión visual que dejan los restos destrozados de ese paisaje rústico y rural con los que presenta su portada, podemos imaginar que el debut homónimo de Giles Corey es un viaje por el desfiladero, una guia de supervivencia para encajar mejor los golpes, puesto que explora una visión de la vida contada desde el filo de la navaja de un hombre perdido, de la lucha personal contra la depresión y el suicidio relatado desde un punto de vista inquietantemente misterioso y difícil de igualar.
Como si hubiésemos retrocedido varios siglos en el tiempo hasta el momento en el que Giles Corey era asesinado y la gente moría a causa de enfermedades como la fiebre amarilla y se juntaban alrededor del fuego para entonar una letanía funebre por sus almas perdidas y recordar viejas historias de un tiempo pasado en el que la gente era quemada en hogueras por teorías de religiosos que en lugar de cuidar las almas de sus feligreses, las condenaban a las llamas del infierno. Vamos encontrando historias contadas a cámara lenta y en el que el slowcore y el folk se acercan a las influencias shoegaze de Barrett consiguiendo un sonido lleno de ricos matices y en el que su voz y el rasgueo de su guitarra consiguen crear los climas perfectos para adentrar en sus historias.

Pese a que es un álbum emocionalmente muy intenso y oscuro (más de uno no creo que pueda asimilarlo), también existen puntos de claridad y esperanzadores como podría ser el cambio de registro musical que se vive a la mitad de ”Spectral Bride”, una de las piezas más interesantes de esta ópera prima junto a ”The Haunting Presence”, ”Empty Churces” y ”No One Is Ever Going To Want Me”.
Sin duda, el proyecto de Giles Corey es uno de las experiencias más enriquecedoras e inquietantes de la campaña debido a su gran calado emocional y a la facilidad con la que consigue introducirte en sus historias.

desde
myfeetinflames.com















Para los que no se habían enterado, me incluyo, Champion Version es un sello inglés que tiene por objeto servir a las ‘expresiones intransigentes’ de electrónica, krautrock, minimalismo, drone, post-rock, etc. Los discos son todos vinilos de diversos tamaños, envueltos en material 100% reciclado, muy contadas copias, solo una por persona. Un sello que es como una casa para los sonidos que habitan en las esquinas de la industria, como tantos otros, donde verdaderamente se mueve y se crea la música más interesante, la que esta bajo las capas superficiales. Fighting the powers since 1999.

Dos de los más recientes lanzamientos son estos, y el primero que será objeto de revisión corre a cargo del holandés Rutger Zuydervelt. Hace dos meses hacía su estreno en estas páginas con su disco “Grower” (Sonic Pieces, 2011) en compañía de Gareth Davis [133], luego de un largo recorrido editorial. “Bad Fortune” tuvo que pasar por un periplo para poder llegar, por fortuna, a nuestros oídos. Eso al menos con una de sus caras. Editado en un 10” cubre una de sus caras, la primera, con “Ringoya, Tokyo”. Se suponía que sería el registro de una presentación de Rutger en Tokio. Un problema técnico (rotura de equipo, corte de luz) hizo que se perdiera parte de eso, casi todo. Sin embargo, gracias destino, una de las cintas pudo recuperarse, y esa es la que lleva el lado A. Una masa subliminal de armónicos tonos sutiles, repetición, timbres aéreos, resonancias dispuestas con diplomacia, ecos, crujidos que llevan a pensar, con pesar, en todo lo que se perdió. Dan ganas de ver vivo manipular los sonidos y dejarse arrullar por los minimalistas paisajes que dibuja en vivo. Al otro lado se ubica “Aether, Rotterdam”, otra pieza en vivo, en esta ocasión en su tierra de origen, y que es otra muestra del (buen) hacer de Machinefabriek en directo, ocasión en que desarrolla, tal como la anterior, los planos prolongados, las distancias largas y los pequeños estruendos incrustados en las melodías.

Si el disco del que hablábamos recién es un agrado de poder escuchar y palpar, el que sigue lo es aún más, que además viene con una sorpresa. Yo nos de extrañar el talento de Deupree, cada vez más acostumbrado a los registros breves. Esta es otra oportunidad más para descubrirlo, quienes no lo conocen, para convencerse, los que pudieran tener alguna duda, y para simplemente disfrutar, a quienes ya nos es familiar. Obra breve como dije: 7” que no alcanzan en total a los diez minutos. Pocos objetos a los que atenerse: un sintetizador y dos field recordings. Dos impulsos creadores: “Everyting I’ve never done and everyone I’ve never met”. Recursos limitados que por el contrario ayudan a crear dos inspiradísimas piezas que abundan en el catálogo del de Pound Ridge. “Attic”, tema de cierre es un oda a los remanentes, como entrar precisamente en un ático y descubrir en los desechos (sonoros) la historia olvidada, recordar los sencillos momentos de la niñez y transformarlo en una canción de electrónica análoga, armonía prístina y chasquidos en baja fidelidad. Una maravilla que sirve de compañera a “Journal”, la cara principal de este single, con los mismos elementos y, aquí viene la sorpresa, por vez primera, la voz de Taylor. Tres, solo tres acordes, una muralla de ruido y de distorsión, un manto abrasivo y contenedor, y cuando ya han transcurrido tres minutos la sorpresa se hace una realidad en forma de una voz susurrada, acolchada. Desde un lugar recóndito aparece cuando la canción ya llega a su ocaso, especial para oír en el ocaso del día, en el límite entre luz y oscuridad. Un aspecto siempre ligado a él es la fotografía, y una de ellas es la hermosa portada, una instantánea en tonos verdes, reflejando el esplendor en la hierba. Además el disco me recuerda a otras fotografías de él, en especial las que llevan por título ‘Snow Study’, y más particularmente ‘Snow Study, Feb 22, 2008’, por la forma en que el paisaje boscoso y borroso se difumina entre las manchas de nieve, tal como ocurre musicalmente: las notas difusas de fondo y los detalles sonoros nublando más el paisaje, y a pesar de eso, por como arrulla, llega a ser cálido.

La escucha de ambos discos tienen solo resultados positivos: un sello por descubrir, un músico al que seguir prestándole atención, y otro en el que seguir confiando. Champion Versión, Machinefabriek y Taylor Deupree se han llevado la medalla a lo más destacado del mes. “Bad Fortune” y sus planos largos y “Journal” y los destellos en la nieve.

Hawái.












BEING
Quiet Rain

cotton goods, 2011

Cotton Goods es un exquisito sello inglés, dirigido por el inquieto Craig Tattersall (The Archivist, The Humble Bee, también parte de The Remote Viewer y The Boats, antes en Hood), codirector de Moteer y Mobeer. Sus ediciones son todas en CDR, limitadas y hechas a mano. Cotton Goods es un sello bajo la superficie que entrega trabajos de alta calidad, objetos para coleccionar a base de ambient, cajas de música abandonadas y partículas de loops oxidados. Por su lado, Being es el nombre escogido por Russel Burden, un artista radicado en Inglaterra, que trabaja con ‘imágenes quietas y en movimiento, sonido, la impresión y la transferencia, cartografía gráfica, metodología científica y pensamiento poético’. Un artista que abarca muchas facetas, entre ellas el sonido, que es lo que acá más nos interesa.

“Quiet Rain” es, como el resto del catálogo, una pieza para tratar con cuidado. Una caja que contiene un CDR con tres tracks, un DVDR con dos films, un póster de la sección coral y un juego de cuatro impresiones digitales de fotografías bajo el agua. Un must que en lo musical no se queda atrás. El disco es parte de un proyecto mayor, ‘Detritus’: “En los márgenes poco profundos yacen las bases de parto/ En los primeros metros de agua una trampa de nutrientes amnióticos naturales/ Alrededor de las raíces recubiertas de vida de un solo árbol de mangle, un vivero para la biodiversidad de los océanos/ Uno de los más productivos ecosistemas del mundo/ Lleno de formas extrañas y maravillosas/ Vivo con micro-belleza/ Su destino…/ Macro-belleza”. La primera parte es “Quiet Rain”, un track de doce minutos, grabación de campo hidrofónica, piano y procesamiento por el mismo Russell y Terry Davey, sonidos diminutos registrados al interior de los Cayos de Florida, alrededor de las raíces de los árboles. Setecientos veinticuatro segundos de belleza pura entre las hojas submarinas, música que desnuda la naturaleza en su mayor y más glorioso esplendor, ese mismo que se encuentra en cualquier lado en que uno lo busque. La simpleza de lo cotidiano en los orígenes de la vida, en el mar. Una tonalidad azul, un mismo sonido armónico con muy pocas alteraciones en el que interactúan fluidos, ecos con el piano espectral prolongarse en las mareas, los murmullos de la fauna, los crujidos naturales y artificiales con una capa de susurros de esencia ambiental. “Quiet Rain” demuestra, y cuestiona, que en muchas ocasiones la electrónica más inspirada no se encuentra en los componentes de un laptop, sino al lado nuestro, en un lago, en el viento, en la lluvia, etc. Pero ese cuestionamiento tiene su respuesta en las otras pistas que acompañan al CDR. Dos remezclas la escoltan, la primera de ellas por THE GREEN KINGDOM (Mike Cottone), respetuosa con la matriz, más leve incluso, que añade por el final unos pequeños beats para hacer fluir la magia de ambient pop. La segunda corresponde a la nueva versión fabricada por THE BOATS (el mismo Craig Tattersall más Andrew Hargreaves y Danny Norbury), quienes la trastocan un poco más. Introducen más sonidos (arpa, melódica) y la estructuran de nuevo para dar con sí con otra pieza de otros caracteres, distintos, que empiezan en una electrónica melódica y paisajística y terminan en las atmósferas gaseosas made in Köln. El DVD es una cosa distinta en cuanto formato, similar en planteamiento. “Particle Stream” es una película filmada en un árbol de mangle bajo el mar, de seis minutos de duración en los que ahora no solo se oye, sino que vemos como es que las ramas interpretan esta música para peces. Cantos náuticos, partículas de ruidos, un todo armonioso que agradablemente me recordó lo mejor de Taylor Deupree –y no es coincidencia: el norteamericano fue quien masterizó las cintas–, como lo son “1am” (12k, 2006) o más recientemente “Shoals” (12k, 2010) –otra coincidencia: esa portada proviene de los mismos lugares en donde esto se grabó–, y que indaga, por vez segunda, en las profundidades y en el estruendo interior. El lento devenir de los objetos allá debajo, la figuras borrosas del agua, las ondas que se mueven de un lado al otro tienen su respuesta en las resonancias aletargadas, en los zumbidos contenidos. Para terminar con tan noble artefacto, “Particle Stream” es ahora remezclada por THE HUMBLE BEE, es decir, el mismísimo Craig Tattersall –imprescindibles son los 4 CDR de “Morning Music” (Cotton Goods, 2010), un disco que pasó tristemente desapercibido–, quien altera tanto las imágenes como el audio. Al igual que lo hizo con The Boats, aloja sus propios elementos en los prestados, y sin apartarse en demasía de ellos la lleva a un nivel distinto, fantasmal. “Particle Stream” es ahora volátil, imposible de palpar, sobre todo vaporoso e indistinguible, como esas fotografías deterioradas por la humedad y el paso del tiempo.

Tan solo una pieza de audio, otra de vídeo, más sus reconstrucciones bastan para erigir a este disco como una pieza mayor, una en la que en su aparente insignificancia exhibe la hermosura de la naturaleza eterna pero fragilizada a causa del avance irrefrenable del hombre. A junio de 2010, la playa de Anne, locación del disco, se está ahogando por una gran mancha de petróleo. “Quiet Rain” es una muestra de la belleza de es lugar, como los hay en muchas partes, un consuelo y un recuerdo de lo bello que alguna vez fue, un llanto en la distancia.

Hawái.












BEIRUT
The Rip Tide

pompeii, 2011

Pensar que Zach Condon tenía tan solo 19 años cuando editó su primer disco, “Gulag Orkestar” allá en 2006. Hoy, cinco años después vuelve a sorprender con su magia y amor por la música barroca en lo que constituye su tercer disco hasta la fecha, "The Rip Tide".

No es un dato menor que sea el tercer disco en su carrera. Muchas veces se tiene miedo al segundo lanzamiento, pero el tercero suele ser incluso más crucial. Y más aun tratándose de un artista tan jóven y que viene de dos discos excepcionales sumamente respetados por la crítica y el público a nivel global. La expectativa ya estaba generada.
Fue grabado en el invierno de 2010 con una banda de 11 miembros y es el disco más corto de su carrera (9 canciones en unos rápidos 33 minutos) pero que sigue manteniendo esa orquestación totalmente disfrutable para llegar a canciones pop de 3 minutos que conmueven y suben los ánimos. No es este el caso de que en el tercer disco cambian sustancialmente de estilo, sino que es un Beirut muy Beirut, y hasta algunos quizás lo critiquen por la poca reinvención que hizo entre disco y disco.
Lo cierto es que la fórmula le funciona: muchos instrumentos (Zach tiene como meta aprender a tocar un nuevo instrumento cada mes, y se nota), melodías soleadas y una voz cada vez más afianzada hacen de "The Rip Tide" quizás el disco más accesible de los tres (teniendo en cuenta que los otros tampoco eran muy difíciles de digerir, asi es que imaginen). Pop en un estado más que puro. Y para los que le gusta el costado más baladístico, tienen para deleitarse: la bella “Goshen” y “The Peacock” son las encargadas de este segmento siendo los lentazos del álbum.

Optimista, mudándose del otoño a la primavera está Zach y sus secuaces bajo el nombre de Beirut. Un tercer disco que para sus más fieles seguidores puede ser una decepción, pero que de a poco va “creciendo” en uno, un disco que no baja su nivel (pero que a veces se torna difícil de comparar con sus lanzamientos previos) y se nota la evolución del joven inquieto Zach Condon como vocalista y escritor.

por Rodrigo Piedra
desde Indie Hoy.







Sintoniza El Sueño del Esquimal, hoy jueves a las 21:00 hrs por Radio Placeres 87.7 fm desde Valparaíso, online además por aquí...







Braids - WIRED: Episode 91 (NXNE 2011) from THE iNDiE MACHiNE on Vimeo.












noviembre 01, 2011

El Sueño del Esquimal #337, jueves 3 de noviembre



Tormentas de primavera, parejas frente al calor del amor en un bar, diseños coloridos y las voces del interior, florecer entre sonoridades misteriosas, ahora juntos vamos a cristalizar.







LA MONINE
Sangremía

autoedición, 2011

“Monine es un nombre, un recuerdo de infancia. Un dibujo de un monito que algunos de mis amigos bautizó así. Yo guardé esa palabra y la adopté para siempre en mi diario vivir.

Hoy, La Monine es un personaje de una mujer femenina, atemporal, un tanto misteriosa que cuenta historias vividas. Experiencias, a veces, un poco tristes. Ella habla mucho del amor como sentimiento universal. A veces soy yo, a veces es un disfraz. Para mí es muy importante la imagen de mi personaje, por lo que además para la puesta en escena incorporo la proyección de dibujos personales, nada profesional. Dibujos que he ido creando y que sin mucha intención terminaron pareciéndose a mí. Con Monine yo hablo de mí, de como veo el mundo, claro que de una forma exacerbada, porque en el fondo lo que yo hago es arte, me nutro de mi misma, pero no hago exactamente una biografía musical.

Como cantante, mi principal instrumento es la voz, con todas sus variantes experimentales como lo son el susurro y el grito. Y mis melodías consisten en arreglos electrónicos que programo y creo a través de un laptop. Sin embargo, uno de los toques más distintivos de mi trabajo musical, es la incorporación del Theremín, un instrumento electrónico un tanto desconocido que se toca en el aire -algo que lo hace ser muy mágico-. Ahí yo intervengo con las manos y logro crear melodías un tanto lúgubres.

Agarré la idea de canción popular melodramática por una pequeña definición que ya estaba en el Myspace, que creo, era una mala traducción. Pero me llamó la atención y resultó para poder clasificar mi trabajo, porque lo que yo hago es pop, es canción, y ese es mi género. Lo melodramático viene de una definición súper técnica. No tiene ninguna connotación más allá de la que suena. El melodrama viene de melólogo, una forma teatral representada en un monólogo con música de fondo”.

Estas son las palabras de la chilena Karenn González alias La Monine describiendo de una forma personal su trabajo sonoro, visual, perfomático, concentrado en su debut "Sangremía", un álbum intimista, cálido, bello y algo oscuro, que nos ofrece una manera distinta de imaginar el pop (mágico, quizás más maquinal, efectista, experimentalista más allá de una simple etiqueta), muestra de 'fragilidad', 'alma' y estética conceptual de la cantante y compositora nacional, muy recomendable y con descarga.

entrevista
desde belelu.com













Tras dos EPs publicados a finales de 2010, el 7 de febrero salió a la venta el disco debut de los escoceses Conquering Animal Sound. "Kammerspiel" es fundamentalmente un disco de pop experimental, luminoso y emotivo, cristalino incluso, en el que la electrónica y la música orgánica -percusiones, elementos de la naturaleza, xilófonos- cohabitan de la manera más sencilla y bella posible, sin que el conjunto sature o puedan encontrarse momento altisonantes.

No sorprende que un primer disco suene tan maduro y tan compacto. No es su primera vez. La experiencia de Jamie Scott tocando el bajo en Boyfriend/Girlfriend y en Ocassional Flickers, así como su proyecto en solitario The Japanese War Effort, se aunan a la deliciosa voz de Anneke Kampman (Fieldhead), que a veces suena como la islandesa Björk -clara referencia a lo largo de todo el disco- y otras como Cloetta Paris, Tenniscoats o la solista de Sally Shapiro, para crear un disco repleto de ambientes imaginarios, frágiles y oníricos, que a su vez es un compendio de las músicas de Mogway, Sigur Ros, The Deer Tracks o The Magnetic Fields. Transparencias y una lluvia fina besando tu rostro, contemplación.

por Diego Rguez
desde mandarinamagazine.es












D_RRADIO
Forecast

heat death, 2011

Mi primera introducción a d_rradio fue con "Seasons" su excelente EP para Rural Colours del año pasado. Sus cuatro pistas con el nombre de cada una de las estaciones a partir de otoño, tiene una rica textura de las melodías de cuerda que se superponen, equilibrado por corrientes cálidas y un sentido de movimiento perpetuo. El noreste de Inglaterra destaca por sus artistas que son enigmáticos por decir lo menos, optando por salir de la distracción de la 'celebrity' para permitir que la música se quede en el centro del escenario, mientras ellos disimulan en la sombra. Mientras que "Seasons" podría ser descrito predominantemente como tratados ambientales-neoclásicos, "Forecast" ("Pronóstico") abraza el sonido en vivo de cuerdas y piano en contrapunto perfecto con esos velos de drone cortesía d_rradio.

Evaporación de las tensiones como romper la luz a través de densas nubes, el álbum también inspira pensamientos de la mar con su sinfonía de agitación entre ondas y cadenas, interrumpido sólo por las melodías de piano amable, similar en su forma y estructura tocando la atmósfera dispersa de Antonymes por ejemplo. Este menos es más enfoque reductivo que con éxito produce el efecto deseado, emitiendo emociones cercadas por la soledad, la melancolía, pero también cubiertas de tranquilidad y esperanza. "Quiet One" es la pista más corta con crescendos grises y sombras pintadas en el horizonte, antes de dar paso a la agitación de "Cinema of Stills" mar crispado y notas de última hora en el drone que se expande como el coral submarino. "Step Into The Sun" entrega una selección ondulante de armonías para el oyente, acompañada de un aumento y caída del sonido orquestal, casi se puede sentir el calor del sol en tu cara, es sin duda una de las piezas importantes del álbum.
Momentos como estos son abundantes, la melodía simple escalada de la primera pista se juega con aplomo la atención al espacio entre las notas que pronto sumergen al oyente. d_rradio demuestra su sensibilidad a la naturaleza cíclica de la vida en trabajos anteriores y siguen incorporando esto en "Forecast" - "After The Rapture" por ejemplo, vuelve a interpretar el enunciado del título de pistas en la lista del reproductor, presumiblemente para completar el círculo y permitir el viaje de repetir hasta el infinito.

Este es un disco fuerte y consistente cuyos motivos son explorados con una gracia y solemnidad que conmueven, el marcado carácter ambiental de la música con una madurez que sólo puede florecer bajo la intensa empatía de los artistas, la calidad del sonido y su experiencia de trabajo juntos. Climático.

desde
futuresequence.com












BYETONE
Symeta

raster-noton, 2011

La trayectoria de Olaf Bender, centrándonos en lo musical exclusivamente, sigue tomando peso gracias a "Symeta". Tres discos de Byetone donde la evolución sigue presente y ligada al mismo tiempo, de manera inevitable, a la de su sello Raster-Noton (junto a Nicolai y Bretschneider) . Su trabajo anterior, "Death of a Typographer", marcaba un cambio de rumbo marcado respecto a su debut "Feld". También hay que tener en cuenta que estamos hablando de un disco de 2003, en el que primaba un amor por Kraftwerk y el techno acuático de Basic Channel como influencias básicas. Sin embargo, "Death of a Typographer" vino a ser como una celebración de espíritu rock, con el sonido endurecido y potente casi a piñón fijo que tomaban parte de las enseñanzas de los laberintos rítmicos de Pan Sonic unidos al chispazo electrónico de Raster-Noton en un año, 2008, donde el sello volvió a editar discos tan notables como "Unitxt" o "Dataplex".

"Symeta" sin embargo, no se siente como un cambio radical respecto a su antecesor, al menos en la superficie. Está claro el camino que ha decidido tomar Bender y el sello estos últimos años, la de integrar el ruido y la experimentación a rítmicas más hipnóticas y reconocibles ampliando su espectro más allá del grupo de la electrónica más sesuda. "Symeta", en mi opinión, es otro paso adelante más allá de la superficie y quizás, consigue tener presente de nuevo el espíritu de "Feld", aunque el sonido nos recuerde más al anterior. Hay una cohesión mucho más marcada, detalles que se incorporan sutilmente como en "Topas" y te dirigen en un suspiro a "Telegramm" jugando con Kraftwerk y Carl Craig, aunque parezca que el ruido sea lo predominante (en esta ocasión, mucho más rebajada esta carga) y llegando a recordar por momentos en "Neuschnee" a ecos de Warp (Autechre, Boards of Canada, Aphex Twin ensimismado,...), al trance de "Opal", así hasta un final con rumores de aceleración speed metal e industrial drone con "Black Peace" y "Golden Elegy".

"Symeta", al igual que "Univrs" de Noto, han sido recibidos por la crítica en general con aplausos, pero sin vítores. Casi hay una especie de aceptación de calidad garantizada en su trabajo, pero es como si ya lo dieramos por descontado. Seguramente, algún momento de su discografía puede ser acusada de un exceso de énfasis (tampoco lo digo como reproche, son cosas que pasan siempre) pero con estos dos discos hay mucha más sustancia de la que se dice. Simplemente, animarse a descubrirlos y no caer en la vista monótona de algo como: "bueno si, otro dico de Raster-Noton". No hay que perderse esta fiesta. Se publicó recién el 31 de Octubre.

desde
Coreografo del Cerro.













Desde Houston, TX viene Pink Playground dúo formado por Tara Tyson y James Wing, una nueva banda que hace de los videos (los espléndidos "Come Find Me" y "Ten") su carta de presentación en lugar de tocar en vivo, y se ubican en la tradición de los sonidos shoegaze y etéreo como una vuelta a los primeros demos de The Jesus and Mary Chain. Guitarras, sintetizadores, voces de otro mundo y cajas de ritmos colisionan con el momento noise-pop de mediados de los 80, acercándose con dulzura a la estela de My Bloody Valentine, Curve, Lush y Swallow como si los miembros de la banda nacieron para jugar en ese sentido. Volumen ensordecedor y melodías de azúcar que llenan el espacio de color rosa con la dinámica del polen primaveral, tan densa y brumosa que pueda necesitar una máscara contra el polvo al cruzar a través de ellas, canciones tan dulces que pican, los modales más refinados convertidos en una nueva forma de agresión.

desde
mexicansummer.com












SLUG GUTS
Howlin' Gang

sacred bones, 2011

Slug Guts son 4 caballeros de Brisbane (Australia) que aman el garage rock a todo volumen y pantanoso, su ropa negra y su gusto por la bohemia más embriagadora. Entusiastas del sonido oscurantista y desencajado, evocando la experiencia de sus coterráneos The Birthday Party, además la influencia de Christian Death, The Scientists, los primeros Captain Beefheart y The Cramps con orgullo, y les importa un carajo que cualquiera los tome como meros imitadores - ya que también te pueden colocar una buena sacudida en sus descargas de odio y descontrol, que esta placa tan hábilmente muestra en el borde cortante del ruido tenebroso.
Grabado en un vagón de tren fuera de Ipswich, "Howlin' Gang" deja marcas de crecimiento estilístico para la banda y en gran medida arroja de vuelta esa cruz invertida que cristalizaran en 2009 con el debut "Down On The Meat". De hecho, las guitarras fuertemente repercuten un sonido mucho más puro aquí - un logro notable, dado el ambiente de estudio claustrofóbico - mientras que la entrega del bajista James "JD" Dalgleish es contundente y maléfica, dejando el tunel turbador esencial para que Jimi Kritzler arremeta desafiante con sus chillidos y blasfemias.
Incluso hay un acercamiento a las baladas caudalosas en el tema que cierra el disco, "Angie". Eso no quiere decir que los Slug Guts se han ablandado lírica o musicalmente, por supuesto que todavía están en la magnitud maldita, como lo demuestra el impulso amenazante siempre presente, dando latigazos en riffs de guitarra y títulos de canciones como "Cold Bones", "Hangin' In The Pisser", "Spring Hill Lair" y "Down In The Hole".
Rock putrefacto desde 'La Isla de los Malditos', con invitadas de honor como Angela Bermuda de los Circle Pit y Sarah Spencer de Blank Realm que dan a algunas canciones ese toque sexy adicional. En todos los casos, no será una revolución de género ni nada parecido, pero se trata de un muy buen trabajo. Corrosión.

por Denis Semchenko
desde ravemagazine.com.au
Enlace






Sintoniza El Sueño del Esquimal mañana jueves 3 de Noviembre a las 21:00 hrs por Radio Placeres 87.7 fm, desde y para Valparaíso y los alrededores, también en línea directa desde aquí.